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Pintura

Munal celebra 100 años del arribo de Carlos Mérida a México

México tiene una forma única de impactar a los artistas, así es lo que nos muestra el trabajo de Carlos Mérida a su paso por México, hace aproximadamente 100 años, y que se puede observar en el Museo Nacional de Arte.

La obra de Mérida se reúne en la muestra Carlos Mérida. Retrato escrito (1891-1984), una exposición con una narrativa guiada por la voz del propio Mérida extraída de su autobiografía, proceso creativo y afinidades artísticas que construyó hasta su muerte, en 1984.

El punto más destacable de Mérida fue que se incorporó al movimiento muralista mexicano, patrocinado por el Estado, a principios de la década de 1920. Para 1947 regresó a París e inició su ciclo de pintura “abstracto-surrealista”, motivado por su amor a los temas indígenas. Dos años después volvería a México dividiendo su obra en dos categorías: el trabajo “propio” y los encargos comerciales, destacando en el primero su interés por lo prehispánico.

Al respecto de su paso por México, en el sitio Discurso Visual, se recoge esta interesante cita de Mérida:

El viejo concepto del muralismo mexicano –escribió Carlos Mérida– (Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Roberto Montenegro) ha dejado ya de ser, aunque fecundo en muchos sentidos. Han quedado para la posteridad, la Capilla de Chapingo, de Rivera, el Hospicio de Guadalajara, de Orozco, y la obra inicial de Siqueiros, los fragmentos de su paso por la Escuela Preparatoria. Y ahí está sellada toda una esplendorosa época que es cosa del pasado. Se comprenderá lo limitado de este viejo concepto del muralismo mexicano […] cuando se piensa que fue gestado en un momento de crisis creativa y social; y acelerado por impaciencias más románticas que analíticas, se tiene que aceptar. De ahí parte el divorcio existente entre la labor pictórica llevada a cabo y los edificios públicos en que se ejecutó.

Todas las imágenes son © Conaculta

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Exposición Pintura

La Buona Ventura, de Caravaggio, llega al Munal

El Museo Nacional de Arte (MUNAL), en colaboración con los Museos Capitolinos de Roma, Italia, presenta La Buona Ventura, obra que data del año 1595, y que es una de las pocas existentes de Michelangelo Merisi da Caravaggio, mejor conocido como Caravaggio.

La Buona Ventura es un cuadro que Caravaggio pintó en Roma en 1596-1597, cuando tenìa entre 25 y 26 años, explicó Sergio Guarino, historiador de arte y curador de la pinacoteca de los Museos Capitolinos, de cuya colección forma parte y que lo ha concedido en préstamo para la muestra mexicana.

La muestra se complementa con 16 obras de colecciones nacionales y la instalación sensorial Caravaggio Experience. Se divide en tres núcleos temáticos: De Italia a México: el legado de Caravaggio, Las innovaciones estéticas: naturalismo, tenebrismo, teatralidad y La Buenaventura.

Michelangelo Merisi da Caravaggio, (Milán, 1571 – Porto Ercole, 1610) La Buona Ventura (La buenaventura), 1596 Museos Capitolinos, Roma

El Caravaggio original proveniente del Musei Capitolini de Italia, explica el cocurador de la exposición Abraham Villavicencio, es una obra en la que están presentes las soluciones plásticas del pintor. En el cuadro se aprecia a dos jóvenes del siglo XVI, una gitana y un caballero adolescente. Ella ataviada con un turbante y manto anudado al hombro practica la quiromancia al hombre, acto que consiste en leer las líneas de la mano.

“El tema de la pintura es precisamente que bajo pretexto de leer las líneas de la mano y darle los augurios de su futuro a este hombre joven, la gitana aprovecha el instante para robarle el anillo que lleva en la mano derecha”, explica el curador.

Mencionó que la pintura tiene la singularidad de realizarse sobre otra pintura, pues debajo existe una madonna que originalmente tenía un formato vertical. Dijo que Caravaggio reutilizó esta tela haciéndola en formato apaisado y le aplicó arena de río para poder lograr la adherencia de los pigmentos de la capa pictórica sobre la otra pintura.

Baltasar de Echave Rioja, Seis apóstoles, s. XVII, Museo Nacional de Arte, INBA, Adjudicación, 2000

“Es un cuadro muy colorista que responde a la tradición veneciana. No tuvo boceto previo y los colores ocres Caravaggio los dejó a la vista. Asimismo, guarda distintos enigmas que han ido poco a poco saliendo, por ejemplo, algunos arrepentimientos que el pintor tuvo, como la capa negra que se alcanza a ver salía por la cadera del hombre joven».

Influyente en la creación y desarrollo del estilo barroco, Michelangelo Merisi da Caravaggio fue considera uno de los artistas más importante de mediados del siglo XVII.

Autor no identificado, Taller de José Ribera “El Españoleto”, Jacob apacentando el rebaño de Laban Museo Nacional de San Carlos, INBA

Naturalista y realista, Caravaggio fue duramente criticado por John Ruskin quien llego considerar su obra como vulgar y opaca, por ignorar a la belleza y jugar a favor del horro, la fealdad, la suciedad y el pecado.

Sin embargo, no fue hasta el siglo XX que volvió a simpatizar en el ojo público debido a la exposición monográfica montada por el historiador de arte Roberto Longhi en Milán, en 1951.

Francisco de Zurbarán, (Fuente de Cantos, 1598 – Madrid, 1664) Magdalena penitente, s.f. Museo Nacional de San Carlos, I

Tras su regreso a la mirada del espectador, el artista logró inspirar a un sin fin de personalidades quienes lo creían el primer cinefotógrafo de la historia.

Entre los famosos que en los que su influencia fue notable se encuentra el fotógrafo estadounidense David LaChapelle, quien al darse cuenta que los personajes de la obra de Caravaggio eran cortesanos, gente de la calle, prostitutas y los chulos, (hombres bellos), decidió montar la muestra fotográfica ‘Jesus is My Homeboy’ con personas de la calle.

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Exposición Pintura

Evolución del Espacio en Reino Unido

El espacio y sus cambios es algo que hace mella en la sociedad, ya que es la infraestructura con la que vivimos diariamente, así que conocer su pasado e historia que guarda en las calles es algo que la sensibilidad artística ha logrado captar como se nos muestra en la exposición Landscapes of the mind. Paisajismo británico. Colección Tate, 1690-2007.

La muestra está presente en el Museo Nacional de Arte en colaboración con el Tate en el que se presentan 111 obras de arte que han sido realizadas por artistas británicos y de origen europeo. Lo que destaca es la variedad de piezas que podemos observar, pues si bien la pintura y fotografía es lo más vistoso también hay unas cuantas instalaciones.

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Nos adentramos en un viaje por el tiempo visto mediante el arte en el que observamos las transformaciones de Reino Unido que fue uno de los primeros en recibir la revolución industrial y que por la rapidez en que se industrializo hubo cierta violencia.

Aunque son los procesos que vivió cada país y sus espacios por lo que la invitación para el espectador es hacer una comparativa con los paisajistas mexicanos el cual se establece a partir del óleo El valle de México (1837) del viajero londinense Daniel Thomas Egerton.

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Los nueve núcleos desarrollados por el curador Richard Humphreys tienen el fin de introducirnos a la cultura británica a través de grandes pintores clásicos del siglo XVIII como Thomas Gainsborough, continuando por obras de los románticos e impresionistas del siglo XIX, entre los cuales destacan John Constable, J. M. W. Turner, John Martin, John Singer Sargent y James Tissot, y abordando los paisajes modernistas de David Inshaw, Sir Stanley Spencer y Paul Nash.

Un punto que destaca en la exposición es que uno de estos núcleos se analiza el paisaje como un espacio idílico que surge de los sueños y fantasía, que nos habla de los anhelos que lograban captar los creadores, por lo que se vuelve un viaje personal en el que reflexionamos acerca de estas transformaciones constantes.

Por eso resaltan las palabras de Nicholas Sarota, director de Tate, “los motivos para el predominio del paisajismo dentro de la cultura visual británica son múltiples y variados: la extraordinaria diversidad de paisajes físicos en un área geográfica tan relativamente pequeña; la aguda sensación de pérdida de un mundo ideal pastoral y rural a causa de la rápida industrialización durante los siglos XVIII y XIX; la identificación de la aristocracia del campo con la cultura clásica; el inmenso impacto de las ciencias naturales y, al mismo tiempo, la creencia de que la

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Todas las imágenes son © Conaculta