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Manipulaciones digitales de Kyle Re Creative

Un fotógrafo profesional y auto-descrito «cuentacuentos visuales», Kyle Re Creative es capaz de capturar momentos memorables como nos lo muestra esta particular serie en la que hace que las mujeres retratadas tengan agua-control.

En esta colección de fotografías, Kyle Re Creative reimagina salpicaduras abstractas de agua como formas reconocibles y figurativas. Capturado con una velocidad de obturación rápida y luego digitalmente reelaborado en Photoshop, cada disparo muestra un modelo aparentemente doblar y distorsionar el líquido entre sus manos. Al concentrarse en el agua, formas distintivas parecen formar ante nuestros ojos.

Además de su serie de manipulación de fotos, Kyle Re Creative también comparte con frecuencia obras de fotografía de agua sin editar. Al igual que sus fotografías modificadas, estas piezas presentan un modelo con agua que parece estar congelada en su alcance. Aunque el artista se abstiene de transformar el líquido en formas figurativas para estas piezas, cada imagen ofrece una toma fascinante e inesperada de un tema aparentemente simple. Él muestra cómo las salpicaduras de agua pueden ser mucho más con una imaginación activa.

Todas las imágenes son © Kyle Re Creative

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Para los lectores de Bukowski, 20 cuentos para leer en Internet

Charles Bukowski es, sin duda, uno de los autores más populares entre los lectores hispanos, y bueno más allá de sus textos, su fama es gran medida por su irreverente personalidad, su rechazo a los buenos modales y la moral impuesta por el status quo.

Los relatos y la poesía del también llamado «viejo indecente» contienen temas y atmósferas totalmente desmesuradas, característicos siempre por la relación de tres factores determinantes en su obra, la escritura como rutina, lo sensual del alcohol y lo sugestivo y salvaje del sexo.

La mayor parte de su obra es catalogada como autobiografía, lo suyo en realidad era el realismo sucio plasmado en cada uno de sus textos que nos llevan de la tragedia a lo cómico y viceversa. Bukowsky era un ser nihilista, que representó como nadie la decadencia americana de post-guerra de la mano de su protagonista Henry Chinaski.

Ahora bien, sin detallar más sobre la obra y la vida de Bukowski, les dejamos acá 20 cuentos que te puedes leer una de estos días.

Bukowski-Alternopolis 2

Edna tenía 37 años y estaba algo rellena. Había un número de teléfono. También había tres fotos del caballero que buscaba una mujer. Parecía rico y elegante, con su traje y corbata. También parecía algo estúpido y un poco cruel. Y hecho de madera, pensó Edna, hecho de madera…

-¿Señor Hemingway?

-¿Sí, qué pasa?

-Me gustaría cruzar los guantes con usted.

-¿Tienes alguna experiencia en boxeo?

-No.

-Vete y vuelve cuando hayas aprendido algo.

-Mire, estoy aquí para romperle el culo.

Ernie se rió estrepitosamente. Le dijo al tipo que estaba en el rincón:

-Ponle al chico unos calzones y unos guantes.

La tenía. sus huesos muertos contra mis huesos vivos. su carne muerta contra mi carne viva, y el hueso y el peso me aplastaban; pensé en óperas de Wagner, pensé en cerveza fría, pensé en un lindo chochito sentado frente a mí en un sofá con las piernas alzadas y cruzadas y yo tengo una copa en la mano y hablo lenta pausadamente abriéndome paso hacia ella y hacia la mente en blanco de su cuerpo y Charley aulló ¡CUELGALA DEL CAMION! caminé hacia el camión. por la aversión a la derrota que me inculcaron de muchacho en los patios escolares de Norteamérica supe que no debía dejar que la ternera cayera al suelo, porque eso demostraría que era un cobarde, que no era un hombre y que, en consecuencia, nada merecía, sólo burlas y risas y golpes, en Norteamérica tienes que ser un ganador, no hay otra salida, y tienes que aprender a luchar porque sí y se acabó, sin preguntas, y además sí soltaba la ternera quizá tuviera que volver a recogerla. además se ensuciaría. yo no quería que se ensuciase. o más bien… ellos no querían que se ensuciase.

Ya en el apartamento, se sentó a beberse un whisky con agua. En la radio daban una cosa de Copeland. Aunque Copeland no fuese gran cosa, siempre era mejor que Sinatra. Había que aceptar lo que te dieran y aprovecharlo al máximo. Eso es lo que decía siempre su padre. Su jodido viejo. A la mierda viejo. A la mierda todos los Niños de Jesús. A la mierda Billy Graham. A tomar todo el mundo por culo.

-Cuando empezamos a saber en Alemania que estaba perdida la guerra, y empezó a estrecharse el cerco, hasta la batalla final de Berlín, comprendimos que la guerra había tomado un giro nuevo: la auténtica guerra pasó a ser entonces quién agarraba más científicos alemanes. Si Rusia conseguía la mayoría de los científicos o si los conseguía Norteamérica… Los que más consiguieran serían los primeros en llegar a la Luna, los primeros en llegar a Marte… los primeros en todo. En fin, el resultado exacto no lo sé… Numéricamente o en términos de energía cerebral científica. Sólo sé que los norteamericanos me cogieron primero, me agarraron, me metieron en un coche, me dieron un trago, me pusieron una pistola en la sien, hicieron promesas, hablaron y hablaron. yo lo firmé todo…

Los hombres se sentaron alrededor del campo de tiro, observando. Había una tensa vibración en el aire. Las mujeres se quedaron en las carretas, rezando, masturbándose y bebiendo ginebra. Big Bart tenía 34 muescas en su pistola, y una fama infernal. El Niño no tenía ninguna muesca en su arma, pero tenía una confianza en sí mismo que Big Bart no había visto nunca en sus otros oponentes. Big Bart parecía el más nervioso de los dos. Se tomó un trago de whisky, bebiéndose la mitad de la botella, y entonces caminó hacia el Niño.

Nelson hurgó en el bolsillo de su camisa y sacó un purito. Se lo llevó a la boca, rasgó el celofán con los dientes. Después le quitó uno de los extremos, se lo metió en la boca, se estiró para coger un cenicero de encima de la mesa.

Antes de meterme en el trafico de drogas, no tenía casi dinero y sí muchos problemas. Tuve una vez que trincarme a una de las mejores, Mary, en el water de señoras de una gasolinera. Fue bastante difícil para dar con la postura (cualquiera se tumba en el suelo de un meadero) y el asunto no iba bien de pie, era espantoso hasta que recordé un truco que aprendiera una vez. Cruzaba en tren Utah. Con una linda y joven india borracha de vino. El dije a Mary que pusiera una pierna encima del lavabo. Yo subí una pierna encima del lavabo también y entré. Funciono bien. Recuérdalo. Puede serte útil algún día. Puedes, incluso, soltar el agua caliente y que te bañe los huevos para añadir una sensación más. Pero el caso es que salió primero Mary del water de señoras y luego salí yo. Y me vio el de la gasolinera.

Yo apostaba automáticamente, sólo porque ella estaba allí. Los seis dólares de Madge se acabaron al cabo de tres carreras y no le di más. Me di cuenta de que era muy difícil ganar. Escogieras el caballo que escogieras, ganaba otro. Yo ya no pensaba en las probabilidades.

Stobbs se quedó hasta las cinco. Se lamentaron de la situación de los escritores, de las angustias de escribir, de lo asquerosos que eran los tipos con éxito. Tipos como Mailer, como Capote. Luego, Stobbs se fue y Henry se quitó la camisa, los pantalones, los zapatos y los calcetines y volvió a tumbarse en la cama.

No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión, Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.

La cosa funcionaba. Maravillosamente. Bajé de noventa kilos a setenta y ocho. Luego de setenta y ocho a setenta y cuatro. Me sentía diez años más joven. La gente me comentaba el buen aspecto que tenía. Todos menos Harry el camionero. Sólo porque estaba celoso, claro, porque no había conseguido nunca bajarle las bragas a Sara.

Constance estaba sentada ahí. Pasó sus dedos por el cabello de George, acariciándolo, calmándolo. Muy pronto se durmió. Ella esperó un poco más. Luego levantó su cabeza de sus piernas y la colocó sobre la almohada, levantó sus piernas y las colocó sobre la cama. Ella se puso de pie, caminó hacia la botella, se sirvió un buen trago de whiskey en su vaso, añadió un toque de agua y lo bebió hasta el fondo. Caminó hacia la puerta del remolque, la abrió, salió, cerró. Caminó por el patio trasero, abrió la puerta de la cerca, caminó por la callejuela bajo la luna de la una de la mañana. El cielo estaba libre de nubes. El cielo nublado también estaba ahí arriba. Salió hacia el boulevard y caminó hacia el este y llegó hasta la entrada del Blue Mirror. Entró y ahí estaba Walter sentado solo y borracho al final de la barra. Caminó hasta ahí y se sentó junto a él.

Gwen entró en la cocina y Kevin en el cuarto de baño. Se echó agua fría por la cara y se miró en el espejo. ¿Qué aspecto tenía un pervertido sexual? Respuesta: como todo el mundo, hasta que le decían que lo era.

Víctor gritó el último verso y, mientras lo hacía, alguien cerca de mí dijo:«¡Maravilloso!» Era una poetisa feminista local que se había cansado de los negros y se tiraba a un doberman en su dormitorio. Era pelirroja, con trenzas, ojos apagados, y tocaba la mandolina mientras leía su obra. Casi toda su obra se refería a algo relacionado con la huella de un bebé muerto en la arena. Estaba casada con un médico que no se dejaba ver (al menos tenía el buen sentido de no asistir a lecturas de poesía). Este doctor le pasaba una cantidad generosa para subvencionar su poesía y alimentar al doberman.

A diferencia de ti, la peste tiene tiempo de sobra para fastidiarte. y todas sus ideas son contrarias a las tuyas, pero ella nunca lo sabe porque habla constantemente y aun cuando aproveches una oportunidad para discrepar, la peste no oye. la peste jamás ove tu voz, en realidad. sólo es para ella una vaga zona de ruptura, después prosigue su diálogo. y mientras la peste prosigue, te preguntas cómo es que siempre consigue meter sus sucios morros en tu alma. la peste tiene también muy clara conciencia de tus horas de sueño y te telefoneará una y otra vez cuando duermes y su primera pregunta será: «¿te desperté?» _. o irá a tu casa y estarán todas las persianas echadas, pero ella llamará y llamará salvaje, orgiásticamente. si no contestas, gritará: «¡sé que estás ahí! ¡he visto el coche fuera!».

Pero las palabras no ayudaban gran cosa. Sólo acercaban más las paredes. Y una noche, no sé si soñaba o no, me desperté y ella estaba en la cama conmigo (o soñé que despertaba) y miré alrededor y vi allí a todos aquellos hombrecillos, treinta o cuarenta, atándonos con alambres a la cama, una especie de alambre de plata, y daban vueltas y vueltas enrollándonos, por debajo de la cama, por encima, con el alambre. Mi chica debió sentir mi nerviosismo. Vi que tenía los ojos abiertos y que me miraba.

-¡Cerveza! ¡Cerveza! ¡Tú y tu condenada cerveza! Está presente incluso en tus historias: < Marty cogió su cerveza. Al levantar su mirada, vio a una magnífica rubia entrar en el bar y sentarse a su lado… > Tienes razón. Estás acabado. Tu material es limitado, muy limitado. No puedes escribir una historia de amor, ni siquiera puedes escribir una decente historia de amor.

Bajaron las escaleras desde la última planta. Todo eran viviendas baratas, llenas de cucarachas; pero, al parecer, nadie se moría de hambre; parecía haber siempre comida cocinándose en grandes cacerolas y gente sentada por allí fumando, limpiándose las uñas, bebiendo cerveza o compartiendo una alargada botella azul de vino blanco, discutiendo a voces, o riéndose, cociéndose a pedos, eructando, rascándose o dormitando delante de la tele. En el mundo son muy pocos los que tienen muchísimo, pero cuanto menos dinero tenía la gente, mejor parecía vivir. Las únicas necesidades eran dormir, sábanas limpias, comida, bebida y pomada para las almorranas. Y siempre dejaban las puertas entreabiertas.

—Yo no soy responsable de ella, amigo. Acabo de salir del hospital. Te pagaré lo que pueda cuando pueda, pero no tengo trabajo y necesito el coche para conseguir un trabajo. Lo necesito ahora mismo. Si consigo el trabajo, podré pagarte. Si no, no podré. Si no confías en mí, tendrás que quedarte con el coche. Te daré la tarjeta. Ya sabes dónde vivo. Si quieres subo a por ella y te la traigo.

[Vía]

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Literatura

10 Consejos De Julio Cortázar Para Escribir Un Cuento

[dropcap size=small]S[/dropcap]i en tus planes esta escribir un cuento, debes de saber que pese a la brevedad, el cuento es uno de los géneros literarios más complicados, es por eso que acá te dejamos 10 consejos del escritor argentino Julio Cortazar para escribir cuentos.

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1 – No hay leyes para escribir un cuento, solo puntos de vista

“Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes… no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable”.

2 – El cuento siempre tiene una unidad de impresión de una historia

El cuento es …una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia”… “Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que dé el “clímax” de la obra, en una fotografía o en un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos”.

3 – A diferencia de las novelas el cuento debe ser contundente

Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que prefieran, y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos”.

4 – En un cuento solo existen los buenos y malos tratamientos

…en literatura no hay temas buenos ni temas malos, solamente hay un buen o un mal tratamiento del tema”. “Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka”… “Un mismo tema puede ser profundamente significativo para un escritor, y anodino para otro; un mismo tema despertará enormes resonancias en un lector, y dejará indiferente a otro. En suma, puede decirse que no hay temas absolutamente significativos o absolutamente insignificantes. Lo que hay es una alianza misteriosa y compleja entre cierto escritor y cierto tema en un momento dado, así como la misma alianza podrá darse luego entre ciertos cuentos y ciertos lectores”.

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5 – En un buen cuento se deben de saber manejar tres aspectos: significación, intensidad y tensión

…el cuentista trabaja con un material que calificamos de significativo… El elemento significativo del cuento parecería residir principalmente en su tema, en el hecho de escoger un acaecimiento real o fingido que posea esa misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismo… al punto que un vulgar episodio doméstico… se convierta en el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico… los cuentos de Katherine Mansfield, de Chéjov, son significativos, algo estalla en ellos mientras los leemos y nos proponen una especie de ruptura de lo cotidiano que va mucho más allá de la anécdota reseñada”… “La idea de significación no puede tener sentido si no la relacionamos con las de intensidad y de tensión, que ya no se refieren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la técnica empleada para desarrollar el tema. Y es aquí donde, bruscamente, se produce el deslinde entre el buen y el mal cuentista”.

6 – El cuento es un mundo propio

Señala Horacio Quiroga en su decálogo: Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.

7 – El cuento debe tener vida

…cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación pero jamás la presencia manifiesta del demiurgo”.

8 – El narrador no debe dejar a los personajes al margen de la narración

Siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (aunque esa cuenta sea la mera explicación y no suponga interferencia demiúrgica) detalles o pasos de una situación a otra”. “La narración en primera persona constituye la más fácil y quizá mejor solución del problema, porque narración y acción son ahí una y la misma cosa… en mis relatos en tercera persona, he procurado casi siempre no salirme de una narración strictu senso, sin esas tomas de distancia que equivalen a un juicio sobre lo que está pasando. Me parece una vanidad querer intervenir en un cuento con algo más que con el cuento en sí”.

9 – Lo fantástico de un cuento solo se logra con la alteración de lo normal

El génesis del cuento y del poema es sin embargo el mismo, nace de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen “normal” de la conciencia”… “Sólo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase a ser también la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se ha insertado…  la peor literatura de este género es sin embargo la que opta por el procedimiento inverso, es decir el desplazamiento de lo temporal ordinario por una especie de “full-time” de lo fantástico, invadiendo la casi totalidad del escenario con gran despliegue de cotillón sobrenatural”.

10 – El oficio del escritor es imprescindible para escribir buenos cuentos

…para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con sus circunstancias de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse este secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión… tanto la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto de lo que antes llamé el oficio de escritor”.

Julio Cortázar por Mario Muchnik 1983

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«El Fin» de Andrés Neuman… y la lectura

[dropcap size=small]E[/dropcap]n estos días, en los que la falta de lectura es tan evidente en la sociedad, no sólo como una práctica para el aprendizaje, sino como un medio de entretenimiento que fomenta y ejercita la imaginación, encontrarse con un libro que invite a aventurarse en el terreno de las palabras es una tarea difícil para los que gustan de este hábito.

«El fin de la lectura» podría encontrarse a la vuelta de la esquina, una visión apocalíptica que los pesimistas no se han cansado de predecir año tras año, así como lo hicieron con la radio y el cine, sin embargo no hay que olvidar que las letras han perdurado al tiempo.

Andrés Neuman es el autor de “El fin de la lectura”, una recopilación de 25 cuentos publicado por Almadía, editorial independiente que lucha por hacer del libro un objeto que trascienda el tiempo con base en su original diseño.

En esta obra, el autor nos invita a la lectura mediante un título provocador, donde la palabra «Fin» logra engañar y seducir por ser tan sintética y polifónica, que sentencia al olvido y a la extinción, pero como aseveró el propio autor, “por fortuna la lectura tiene también el fin de celebrar al lector (…) pues nos regala otro comienzo”.

En cada uno de los cuentos, Neuman nos presenta a personajes a quienes los giros de la vida los conducen al extravío y los llevan al límite en cada una de las situaciones y sus circunstancias, en historias breves que contienen esa invaluable unidad de impresión y asombro.

La antología construida de manera colaborativa entre la editorial y Andrés Neuman nos invita a celebrar las cosas que no hacemos y a encontrar la belleza de la parte que no vemos.

Andrés Neuman (1977) nació y pasó su infancia en Buenos Aires, desde los catorce años reside España. Ha publicado las novelas «Una vez Argentina» (2003), «El viajero del siglo» (2009) y «Hablar solos» (2012); entre sus cuentos más celebres se encuentra «El que espera» (2000), «El último minuto» (2001), «Alumbramiento» (2006) y «Hacerse el muerto» (2011); los poemarios «El tobogán» (2002), «La canción del antílope» (2003), «Gotas negras» (2003), «Sonetos del extraño» (2007), «Mística abajo» (2008), «Patio de locos» (2011) y «No sé por qué» (2012). Ha obtenido, entre otros, los premios Hiperión de Poesía 2000 y Alfaguara de Novela 2009. Sus libros se han traducido a doce idiomas. Su libro más reciente es «El fin de la lectura» (Almadía, 2013).