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El hombre soberbio resignifica la figura del héroe

La idea e imaginario de los héroes se ha humanizado demasiado, que parte de su mitología e impacto para inspirar a las personas se ve afectado, al menos es algo que nos deja ver Leonardo da Jandra en El Hombre Soberbio (2018, Malpaso Ediciones).

No es que Alejandro busque aleccionar, sino que ofrece una obra con un enfoque y estilo único, que se define como filosofía ficción. Para su concepción el autor toma diversos elementos de los grandes pensadores griegos, aquí diversos momentos y enseñanzas figuran en el distante futuro.

Ciertas figuras recuerdan a las apariciones divinas de los antiguos miembros del panteón griego, que daban movimiento a las historias al intervenir en la vida de los humanos. Este suceso da vida al semidiós protagonista, que es nombrado como «El hijo del Sol», Helioson.

La misión del Helison es inspirar, y mejorar, a la humanidad, su porte superior, que va desde lo estético hasta una fuerza sobrehumana e inteligencia deberían bastar, pero todos estos regalos sólo traen consigo una inmensa soberbia.

En la historia, da Jandra nos muestra la manera en que los mejores talentos pueden verse destruidos por ese mal que deja en las sombras hasta al más brillante. Aquí se muestran dos tipos de fuerza, por un lado tenemos la de nuestra protagonista, y, por otro tenemos al que viene del político, que viene de la gente y es puesto a disposición de los «altos mandos».

Durante diversos momentos de la novela vemos la forma en que estos poderes chocan, cada encuentro es iniciado por el ego. Una de las fuerzas se debe doblegar a la otra, la soberbia es la que inicia las peleas.

Ahí está la crítica a la política, pero el autor va más allá y también descubrimos como los medios se ven afectados por ese virus, algo que vemos en nuestra realidad. El futuro que plantea sólo es una extrapolación de los males con los que vivimos, de cómo la soberbia nubla la visión y andamos sin rumbo, sin querer escuchar a otros.    

La relación alumno-maestro, tomada de la antigua Grecia, es la que podría salvar al Hijo del Sol. Aquí entra la figura de Aristobul, un hombre que, por sus ideales, fue condenado al ostracismo, quien mediante sus poder en la palabra (aforismos) representa un peligro para la sociedad.

Aristobul alejado de la sociedad y en contacto con la naturaleza logra limpiarse de la soberbia, un camino instado por otros le da su liberación. Su vida y libertad son los motivos por los que es elegido para ser el maestro del próximo eslabón en la evolución humana.

La caída del maestro presenta referencias al pasado, para el disfrute de los más doctos en filosofía, además de que el proceso de Aristobul tiene diferentes pasos de comprensión que requieren más de una lectura.

La figura del maestro tiene relevancia, ya que son el principal vínculo filosófico y en cada momento se hace presente el beneficio que trae esta antigua manera de relacionarse, cómo se aprende de este sistema. El cómo la palabra íntima tiene efecto para apaciguar el alma de guerrero de Helioson.

Otra forma de relacionarse y que Leonardo destaca por encima de todo es la familia, ese círculo primordial que es el fin hermoso al que se debería aspirar. Un idóneo que puede verse afectado por los pecados del padre, el fantasma de la soberbia es capaz de lacerar a otros.

Al ser una obra ficcional basada en filosofía, el libro utiliza la palabra como medio más poderoso para impactar en las personas, en específico de los aforismos. El autor es versado en ese tipo de expresión, así nos demuestra que la expulsión de Aristobul se debe a esas palabras directas y filosas.

Un libro que muestra el poder en diversas presentaciones y cómo éste es proclive a la soberbia, y éste mal nos corrompe y lo seguirá haciendo en el futuro. Además de recordarnos la figura del héroe, que también debe luchar contra su propia vileza para inspirar.

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Cine Reseñas

The reporter revela los casos de tortura de EU

En la actualidad, parece que el miedo ya no está presente en la sociedad de Estados Unidos, el cual llegó y se asentó tras los ataques terroristas del 2001, un suceso que parece lejano, cuyas repercusiones aún se pueden sentir y que demostró que el enojo incentivado por el terror puede ser más peligroso.

Tener presente este contexto es necesario para entender lo que sucede en la película The Report (Scott Z. Burns, 2019), que relata la historia del investigador para el Senado de EU Daniel Jones (Adam Driver) quien debe desentrañar los casos de tortura en la guerra que tuvo el país para hallar a Bin Laden, responsable de los ataques del 11/S.

Para lograr dar con Bin Laden se muestra que la CIA, Agencia de Inteligencia, utilizó técnicas de tortura mejorada, debido al miedo que movía a los estadunidenses ésta fue aceptada, pero había ciertas cuestiones que debían conducirse con sumo cuidado y en momentos extraordinarios, así que Jones debe investigar si la tortura fue utilizada de forma debida.

Contada a manera de relato, al menos los primeros años de investigación, seguimos la carrera de Jones, quien por razones del destino es nombrado por la senadora Dianne Feinstein (Annette Bening) a conducir la investigación que se alargó por 10 años, quien poco a poco se adentra en los malos procesos de la CIA con la tortura.

El director logra mantener al espectador al borde del asiento, ya que muestra los traspiés que enfrenta Jones para que la verdad sea relevada al mundo, una tensión que compartimos con el personaje de Driver. Si bien la vida del personaje nunca corre peligro, sí vemos cómo la política y los intereses empantanan la investigación.

Puede ser algo difícil de seguir, pues la película da demasiados brincos en la historia, aunque siempre se sienten naturales, pero algunos espectadores podrían perderse. Aquí es donde la ficción entra en acción, con la recreación de charlas, encuentros e incluso la recreación de algunas torturas.

La película cumple con cierta denuncia, pues si bien a nadie se sentenció tras la investigación, sí nos hace ver la inmoralidad de ciertos personajes como Dr. Mitchell, quien fue el responsable de convencer a los encargados de la CIA de implementar la tortura basado en nada, sólo en su propios resultados.

Puede que estamos acostumbrados ya a ciertos temas, pero las escenas de tortura aunque impactantes no son tan estremecedoras, lo más impactantes es lo amoral de los personajes, que justificados en su miedo siguen adelante, sin cuestionarse todo lo que sucede. Salvo por algunas voces, los demás siguen adelante sólo por la noción de alguna orden, muy de los Nazis.

The report resalta el poder de las instituciones de Estados Unidos, así que hasta tiene tintes de una película patriótica. Y es que vemos que los personajes dan su fe en los organismos y procesos del país, pero ésta no cae en saco roto.

La película reta al espectador, pues siempre se debe seguir de cerca, hay que poner atención a las palabras, a los legalismos, en las que algunos buscan filtrarse para evadir la realidad. Aquí resalta el uso de «implicar», que muestra cómo ésta es la salida para no tener repercusiones legales, de igual manera se implica a los culpables en el trabajo Scott Z. Burns.

Un punto que se deja claro es que la tortura nunca llevó a nada, la información siempre se encontró de otra manera, pero el miedo u orgullo no permitió que nadie lo viera en su momento, algo que el personaje de Driver repite hasta el cansancio y, por momentos, parece que no es escuchado.

Se trata de un largometraje difícil de ver, debido a los temas complejos que plantea. La búsqueda de la verdad siempre debe ser lo más relevante en ese tipo de casos de guerra. No es una gran intriga, al menos de esas de acción, pero de manera discreta y real descubre el oscurantismo en el que se sumergió Estados Unidos.

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Ilustración

Héroes retratados de Luke Daab

Las ilustraciones de Luke Daab demuestran de donde viene gran inspiración de muchos creativos, la infancia. Aquí mediante caricaturas, cómics y esos personajes extraordinarios son un punto del que puede partir la imaginación.

Una gran variedad de personajes fácilmente reconocibles son homenajeados, otros son convertidos en esas clásicas amalgamas, que resultan interesantes por el estilo de Daab.

Todas las imágenes son © Luke Daab

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Cine Reseñas

El destino inevitable de la guerra entre máquinas y humanos

Sin duda, volver al pasado puede ser arriesgado, ya que todo lo que se fue creado está en riesgo de ser trastocado, volverse en algo nuevo, esto es lo que sucede en, y le ocurre a la saga, Terminator: Dark Fate, dirigida por Tim Miller, y que sería la tercera parte de la saga.

La película desde el principio busca alejarse de sus predecesoras, pues la mítica figura de John Connor es borrada de la historia, aunque el futuro que liberaría tampoco existe ya, esta posibilidad se deja desde Termiator 2 Judgment Day con la destrucción de Cyberdyne.

La segunda película y su final en la carretera se deja la idea de que el destino no está escrito, pero parece que el destino es inamovible, ya que si Skynet no inicia la guerra vendrá algo más para que se de la guerra entre la humanidad y las máquinas.

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Todo esto nos deja a a una Sara Connor (Linda Hamilton) que, pese a salvar a la humanidad, no fue capaz de salvar a su propio hijo, lo que la transforma en un personaje trágico, que no tiene un propósito claro. Y en este nuevo universo tenemos a una nueva abanderada Dani Ramos (Natalia Reyes).

Dani es la protagonista a cuidar, como es costumbre en Terminator. Ciertos elementos se repiten, así que no se logra alejar lo suficiente de la saga. En esta ocasión, será protegida por Grace (Mackenzie Davis), una humana aumentada, que es la muestra de cómo la visión de las personas hacia la tecnología ha cambiado.

La marcada presencia femenina ha causado un gran revuelo en los seguidores de la franquicia, aunque no debería existir, pues si bien John era visto como el gran salvador del futuro, en el presente es Sarah quien tomaba el liderazgo. Ahora sólo lo borraron de la ecuación por completo.

Un vestigio de ese futuro que no fue es el T-800, responsable de la muerte de John, conocido como Carl (Arnold Schwarzenegger). Sin más órdenes el autómata se queda sin un objetivo, aquí es él quien ofrece la reflexión que tienen las películas con el sello de James Cameron.

¿Sería posible que el robot adquiera consciencia? Sin un propósito y sin más órdenes que seguir, parece que la vida, incluso mecánica, sigue y encuentra un camino. Proteger a su familia es lo que se plantea como misión primordial Carl.

Resulta curioso como se invierten papeles, Sarah pierde su humanidad y el T-800 la gana, qué nos define como humanos, será el amor hacia el otro, tener un objetivo, una misión, aquí cada quien escogerá su propia respuesta. Cada quien, si es que la ve, tendrá su propia reflexión en este punto en particular. También se puede pasar de largo y centrar en la acción, que es buena.

El peculiar grupo se enfrentará al Rev-9 (Gabriel Luna), una máquina que hasta el momento es la más mortal de la saga, casi indestructible, que es una suma de las primeras dos películas, sí, pero parece algo orgánico. Algo natural, que muestra el desgaste de las películas, habría que dejarla descansar un poco más.

Algunos puntos a destacar son los recuerdos de Grace, la mirada que ofrece del futuro, aún más mortal y desesperante que el futuro anterior, se trata de recuerdos de algo que será. 

Un punto inexplicable es el trato y visión hacia la nueva protagonista, ya que Sarah desde la segunda película muestra estar con los alineados de la sociedad, que aquí se trata de migrantes, por eso no es de extrañar que de aquí venga el nuevo salvador. Se tienen que mover fuera de la ley y no se ve como una inclusión forzada, aunque muchos lo notaron así. 

Todos estos elementos ofrecen una buena película de acción, muy del pasado, aunque ciertos aspectos no logran fundirse del todo, aun así está por encima del promedio de lo que se ofrece en el género.

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Cine Reseñas

Hustlers y lo femenino al control

En la película Hustlers (2019), de Lorene Scafaria, las mujeres toman el control, así de sencillo. El soundtrack desde las primeras escenas marca esto, así que vemos personajes que resultan incómodos, ya que ese trata de féminas que utilizan sus cuerpos para hacerse de la situación que les rodea.

Lo que plantea las película es un caso basado en la realidad. Un grupo de bailarinas exóticas ven una oportunidad para obtener dinero al estafar a hombres, al explotar su lujuria, lo que coloca al hombre en posiciones de víctima.

Las protagonistas de esta historia son Destiny (Constance Wu) y Ramona (Jennifer Lopez), quienes inician con todo el glamour de los clubes nocturnos en Nueva York, que era frecuentados por asociados de Wall Street.

Todo el lujo se termina con la crisis financiera del 2008, las risas se acabaron y había que volver a la realidad, toda esa ilusión de la burbuja financiera se rompe y vemos a estas mujeres teniendo que traspasar límites.

El cambio resulta interesante, ya que en muchas películas del tipo se ve desde los causante y no el que sufre el lado negativo de una mala economía. Este impasse presenta una oportunidad, que Ramona aprovecha para atacar a los hombres y robarles.

Poco a poco, vemos como la situación de las protagonistas otra vez comienza a ir bien. Aquí lo interesante es descubrir cómo es que se justifican, al comprarse el mito de Robin Hood y vengarse, ya que fueron los de la banca quienes provocaron la crisis.

La vida comienza a ir bien de nuevo, pero siempre se nos recuerda que finalmente cometen un crimen. Tan bien va, que se convierten en una pequeña organización de «emprendedoras. Una mafia. La culpa y el arrepentimiento viene de la Constance del presente, quien es la que relata todo lo sucedido, aquí la directora encontró un buen formato para contar la historia, sin tantas complicaciones, sólo un relato de lo que sucedió.

La visión de Constance es la que nos lleva por toda la película, que pasa de ser un personaje más inocente a tomar fuerza y revelarse a sus propias amigas, todo por la familia, una buena evolución y lógica, no hay finales épicos. Sólo una historia más.

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Por momentos, la película recuerda al Lobo de Wall Street no en lo fílmico, sí están mu lejos, pero en cuanto a la temática, incluso cómo este tipo de historias toman otras perspectivas al ser mujeres. Si bien existe el desenfreno, también está la familia y una camaradería más difícil de quebrantar, aunque el llamado de la sangre es más fuerte.

Una película que muestra, tal vez a propósito o no, que ciertas visiones y cuestiones que en la sociedad se han colocado pueden utilizarse para un beneficio. Aquí las mujeres utilizan el cuerpo como un medio para estafar el deseo de los hombres, sin detenerse a pensar en lo simbólico de esto. Y al mostrar al hombre como víctima e incluso ahí tiene su apartado y golpe de realidad para el espectador masculino, ya que a aquellos que denuncian no les creen o son minimizados.

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Literatura Reseñas

Repensar en lo córporeo, una invitación de la novela Volver a la piel

La idea del futuro y la tecnología con sus promesas de una vida más fácil pueden hacer que nos olvidemos de algo tan esencial como el cuerpo, pero los escritores están ahí para recordarnos, e incluso, reflexionar en torno a este elemento tan básico, tan nuestro. Esto es lo que explora Gerardo Horacio Porcayo en Volver a la piel (Fondeo de Cultura Económica, 2019).

Gerardo nos lleva al futuro donde se alcanzó la posibilidad de cambiar de cuerpo humano, hay que hacer hincapié en lo humano, ya que en la novela se muestra que existen más tipos de cuerpos, una gran variedad de lugares para que la mente habite, que ofrecen ciertas ventajas sobre lo orgánico.

Uno de los primeros seres en rehabitar lo humano es Alejo, un empresario que lleva años perfeccionando el proceso de clonación. Esto nos lleva a descubrir que el protagonista, ese que siempre creemos único, en realidad es sólo uno más, en este mundo existen varios Alejos, diferentes versiones, distintas maneras en las que ellos se nombran, cada Alejo busca la manera de buscar su individualización. Una isla poblada por diferentes versiones de un mismo hombre, un territorio hecho a medida de los caprichos del que creemos es el Alejo original.

Todas las versiones de uno mismo que se increpan, interactúan y aprenden es de lo más llamativo que plantea el autor, que nos hace ver de manera distinta ese ejercicio de platicar en voz con uno mismo. Aquí se va más allá, pues demuestra que siempre estamos en cambio, lo que hoy fuimos, mañana cambiará y después de ese día seremos alguien más, que reclamos habrá hacia lo que fuimos y en lo que nos convertiremos.

¿Podríamos aprender algo más de nosotros mismos? Parece que las fobias, caprichos y falta de visión hará difícil esta tarea. Cuestionarse es lo que ofrece Volver a la piel, una ciencia ficción que obliga a repensar el presente.

Tras el paréntesis. El Alejo con el que iniciamos y se vuelve nuestro guía en este mundo, es un personaje que debe readaptarse al cuerpo, resentir lo que es habitar en la carne, redescubrir las limitaciones orgánicas, que van desde lo físico hasta lo psíquico. ¿Por qué se vuelve tan relevante para el Alejo original volver a lo humano? Una respuesta personal y que cada lector obtendrá.

Para mí es el llamado de lo salvaje, esto representado en el sexo, así tal cual, como si el habitar un cuerpo mecánico lo llevara la extremo de la razón, pero muy dentro del cerebro estuviese lo oscuro, el deseo, incluso se explora en cómo sin la necesidad de reproducirse se pierde parte de la búsqueda del coito, se ve desde una parte bastante lógica.

Conforme nuestro Alejo pasa tiempo en la carne, poco a poco vuelve ese ímpetu de buscar la satisfacción sexual, se replantea el acto. El abuso del prefijo «re», que podrá hacerse evidente, es que muchas cosas que damos por sentado en esa ciencia ficción de Porcayo se debe aprender, damos por sentado que Alejo tuvo un cuerpo humano, pero hace décadas, se debe construir un puente nuevamente con ese pasado.

En esta obra, se cuestiona lo que nos hace humanos y qué de esto sacrificaremos por la innovación, en cómo la tecnología nos atrapará y podría obligarnos a transformarnos, esto no será a punta de pistola, se deberá al no quedar obsoletos. Por eso es que el pasado y el cuerpo se miran desde la nostalgia, como algo que tuvimos y no supimos apreciar, la pérdida de lo orgánico.

Así, ciertos elementos del pasado se vuelven fetiches, que por un lado van desde lo físico como un tablero de ajedrez, tallado en madera; hasta algo más complejo y abstracto, que va como la reconstrucción de salas y espacios donde habitan estrellas de hollywood en un museo de ADN. En estos lugares del pasado, el autor no evita dar un vistazo a sus referencias, que también son de aquel territorio del recuerdo y el pasado con vistas al futuro, Wells, Asimov y Shelley.

Porcayo muestra un estilo donde el humor, representado en ironías, está presente y hace la lectura muy llevadera se entremezcla con ciertos misterios y tensiones, una tarea complicada. Intrigas en las que Alejo siente que su mente, más que su cuerpo, está en peligro, pues lo que es podría ser devorado por sí mismo, por otra versión, una lucha consigo mismo.

Un elemento que también aborda el autor, es la memoria, pues nuestro Alejo inicia con ciertos elementos borrados de ésta, pero conforme avanza la novela ciertos elementos parecen eludir el proceso, ya que tiene acceso a ciertos recuerdos que no debería tener.

Y pese a habitar un mundo de avances, ciertas crisis, además de las existenciales, parecen seguir existiendo, como las crisis económicas, las guerras y la corrupción seguirán ahí muy de cerca con la humanidad. Un buen vistazo al futuro que podría ser y que en ese territorio Porcayo encuentra un lugar para reflexionar en nuestro presente y en pensar en lo que es habitar nuestra piel.

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Literatura Reseñas

Oscuro territorio mexicano retratado por Rogelio Guedea

Vivir, o transitar, en México es abrirse paso por la incertidumbre, es un camino que lleva por la oscuridad, un recorrido que obliga abrazar a la oscuridad para sobrevivir en el presente, sólo tenemos lo inmediato, esto es algo que nos deja entrever Rogelio Guedea en Conducir un tráiler (Fondo de Cultura Económica, 2019).

Y es que Guedea, que en 2009 obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada 2009, gracias a este libro, nos recuerda que habitar este país, es enfrentar el miedo de que las sombras te cubran en cualquier momento. Un camino errado nos puede llevar a ser víctimas de algún hecho terrible, estamos abandonados al acecho de la violencia, de la furia dormida del país. Todo este ambiente es el que logra recrear en la obra protagonizada por Abel Corona y su familia, personas de a pie que viven en Colima y son movidos por esas fuerzas ocultas, la fuerza que podríamos llamar la vida misma.

El entorno que habita Abel es ese de terrenos, donde ser dueño de un espacio brinda cierto poder, aquí los vecinos buscan peleas por cualquier transgresión, esto es con lo que inicia el libro, pero siempre hay algo que se oculta y poco a poco lo devela el autor.

Guedea utiliza a Abel para mostrar la manera en que en el país cualquier detalle puede hacer explotar alguna situación desalentadora, una mirada, una palabra pronunciada de manera inoportuna pueden ser elementos para que el mexicano saque a relucir su altanería, algo que se conoce como verguerez, por lo que todos buscan una superioridad para hacer su voluntad sin un poco de empatía.

El retrato que hace del norte es este que ya no es tan distinto del resto del país. Aquí se ve el poder e influencias, que viene con el dinero y cierta autoridad, pero no cualquier puede acceder a estos, ya que la familia Corona pese a pertenecer a las instituciones del «bien» no son capaces de ejercerlo.

La falta de esa fuerza abstracta e invisible deja a nuestro protagonista a la intemperie, a las sombras, que en algún lo tragan y lo escupen acompañado de muerte, de odios por defender lo suyo, de una vendetta sobre la familia. Esto es suficiente para que terminen en una historia de acción, una historia (debido a la cercanía) a la Tarantino, de tiroteos y sólo algunos pueden salir vivos.

Los momentos de acción permiten a Guedea acercarse a lo fílmico, a recordarnos que se trata de una ficción. El como esas decisiones de manera rápida se ven transformadas y la violencia que explota debe hallar una salida. Formas en las que la obra respira, estos cambios vertiginosos hacen que el lector no se confíe.

Propio del norte, Abel es un personaje migrante, que por circunstancias de la vida tiene que emprender su camino a la carretera, visitar otros lugares tan ajenos, pero comparten el mismo peligro de la violencia.

En el interior, nuestro protagonista se descubre a un ser con cierta sensibilidad, que tiene, de a poco, aprender a vivir con la muerte que le rodea, con el miedo que, a la mala, aprende a domar.

Aprender a convivir con el temor es necesario pues no sólo existe esa violencia física, también se teme a aquellos que deberían cuidarnos, a las instituciones que están empantanadas y buscan la manera en que ciertas verdades no salgan a la luz, para mantenernos en esa carretera a oscuras. Así parece que en algunos lugares de México, si es que pensamos que es diferente en ciertos espacios, se vive en un oscurantismo donde algunas familias fundan sus feudos.

Además, en diferentes momentos, Rogelio Guedea nos recuerda que está presente ese monstruo amorfo del narcotráfico, que ante cualquier paso errado se hará presente para arrastrar por completo a la nada a quien se cruce con él.

Todo esto siempre nos recuerda al título de la obra, que andamos con esa pesada carga tras nosotros en la oscuridad del camino, donde basta que alguien sospeche algo para convertirte en presa del odio, basta que alguien piense que eres diferente para ganarte la repulsa de vecinos, compañeros e incluso amigos.

Si por un lado tenemos las explosiones violentas, del otro están las cavilaciones del buen Abel, que muestran cómo la mente intenta reflexionar para saber cómo sobrevivir en este país de matanzas y sufrimiento. En el protagonista nos reflejamos en cómo se vive con la muerte, en cómo cuando más jóvenes la vida en un matadero es capaz de turbar al más fuerte, pero conforme uno se cicatriza el estar en una escena de algún crimen atroz se vuelve normal.

La imaginación y el miedo son elementos que mueven al personaje, que en distintas ocasiones lo obligan a emprender huidas que tal vez no eran necesarias. Esto lo motiva y mueve sus acciones, por eso el camino se vuelve un lugar de seguridad, un espacio para imaginar que hay mas allá después de las tinieblas, qué vidas podría forjar tras ciertas decisión, pero que nunca es capaz de observarlas.

Un retrato muy crudo, pero cercano gracias a las apreciaciones de Abel, que nos lleva a repensar en la realidad que vivimos, en este México tan oscuro que parece no tener fin, incapaz de ver más allá de uno mismo. Vamos sólo con la luz del tráiler en esa carretera, esa pequeña esperanza de que llegaremos a un buen lugar, aunque hasta no arribar será comprobado.

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Música

Carrion Kids llegan con un toque más violento en «Hacer daño»

Los Carrion Kids llevan cuatro años prendiendo los escenarios, una agrupación que trae el garage, y ahora un poco de punk, a las nuevas generaciones, un debraye musical bastante genial.

Para conocer más de la banda, Rodrigo Blanco, vocalista de la agrupación comparte algunos detalles de su más reciente producción discográfica Hacer Daño (2019), que comenta es uno de los más personales, pues estuvieron durante toda la producción, además destaca el trabajo de Jasmina Hirschl, de MonkeyBee Records. Estamos «muy orgullosos de este disco, porque es completamente un concepto original que teníamos muchas ganas de sacar. Es una nueva voz para la banda, un nuevo estilo».

Blanco comparte que más allá del idioma, Hacer Daño se diferencia de Animal Deluxe (2017) y Party Down at Chittagong (2016) por traer un estilo más violento, con energía más punk, «más debraye también y experimentamos con escalas de sonidos nuevos, mezclar géneros, se puede escuchar más violencia en la voz. El concepto en general es mucho más debrayado mentalmente, nos dimos permiso de alocarnos, tanto como se pudiera. Hay un Carrion Kids, antes y después de este disco».

Si bien es difícil elegir alguna pista en específico, Blanco destaca La liebre y la tortuga, que es muy divertida para tocar en vivo, ya que se arma un buen «mosh pit, mucho slam, mucho desmadre», aunque confiesa que ésta le desgasta la garganta.

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Otra pista que es sobresaliente para el vocalista es Sapo Verde, uno de los sencillos más recientes que están promocionando y que cuenta con un videoclip, es una «rolota, me gusta mucho», que fue escrita por Miguel. «Me gusta la onda que trae, muy viajada, va por etapas, va de una sección a otra». También entre sus favoritas está Señor Tocino, que a su decir es de las mejores para abrir con el «desmadre».

Tras una gira por Estados Unidos y Europa, los Carrion Kids regresan a México para participar en el MonkeyBee Festival, que les produce mucha emoción, pues ya tenían «ganas de echar rock & roll» en el país.

Respecto a la escena independiente, comenta que ésta pasa por un momento increíble, ya que hay muchas personas que buscan hacer algo nuevo, algo distinto y es todo un «orgullo trabajar con ellos, como Miguel y Jasmina, (de MonkeyBee Records), de la manera en que lo trabajan es lo que se debe hacer, crear colaboraciones. (Se trata de trabajar) con personas que tengan una visión en común, es la única manera en que la escena independiente se podrá consolidar».

En cuanto a los grupos que la están rompiendo, algunos que destacan son The Froys con los que compartirán escenario en el MonkeyBee Festival. «También están los Bela Lugossips, Dromedarios mágicos, Las pipas de la paz», sólo por mencionar algunas bandas, que en opinión de Rodrigo la están rompiendo, que se trata de promesas que seguirán creciendo y «se escucharán más nombres prominentes, pues hay muchas bandas que traen muy buenas ideas. Se están formando colaboraciones fuertes, cada día será menos underground para bien y hay muchas cosas que se tienen que escuchar».

Para Carrion Kids después del MonkeyBee sigue irse al Freak Out, en Seattle, para cerrar el año. Estamos preparando nuevas rolitas. Nueva música más salvaje, nos apegamos al conceptos en español, nos ha gustado, seguimos creando y buscando donde tocar, esperamos que el 2020 se venga más fuerte».

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Entrevistas libros

Socorro Venegas reflexiona en «La memoria donde ardía» en torno a la memoria y la pérdida

La memoria ejerce cierta fuerza en nuestras vidas, un pasado que en cualquier momento se invoca para volverse presente, un tema que resulta inagotable y es la inspiración para el libro La memoria donde ardía (Páginas de Espuma, 2019), de Socorro Venegas.

Para Venegas la memoria es constante. En su novela Vestido de novia (Tusquets, 2014) estaba presente ese oleaje del pasado, aunque esto desde la pérdida, que es algo que se hace notar en esta nueva publicación, «la pérdida sería uno de los ejes del libro».

La escritora, para La memoria donde ardía, destina sus palabras en esos «espacios donde las personas se ven obligadas a cambiar, a transformarse por aquello que se ha ido de ellos. La mujer que ha perdido un marido, la mujer que da a luz y su cuerpo deja de alojar su cuerpo, los niños que se tienen que despedir de la vida porque padecen de una enfermedad terminal. Eso que los empuja a transformarse, que parece una fuerza tremenda que puede decirse es la vida, el destino, pero cuando lo enfrentamos puede convertirse en una oportunidad para encontrar belleza», explica.

Al explorar el tema de la memoria, abordamos los detonadores que la «activan», pues en varios de los cuentos existen ciertos elementos y momentos que traen los recuerdos al presente. Uno de los más representativos es el texto que da título al libro La memoria donde ardía,  para éste Socorro toma como punto de partida un verso de Francisco de Quevedo, que le habla de desafiar a la muerte por su tono, la atmósfera y le gustaba la idea de recrearlo en sus propias palabras.

El libro aborda «lo que hemos sido, lo que hemos vivido, todo eso que le ha dado sentido a cada uno de nuestros actos, (donde uno) puede arder, y nosotros arder allí, pero sin consumirnos, sin destruirnos».

La escritora indica que este libro toca el tema de la pérdida, pero lo hace desde otro momento, desde un lugar donde es posible mirar atrás, que se representa en los textos en algún momento o una frase, que ofrecen la posibilidad de replantear la visión hacia el pasado, y nuestra propia percepción.

«Es lo que yo prefiero en la escritura, no desde el aullido, no desde el dolor más intenso, sino la evocación, un poco como decía Quiroga, que recomendaba no escribir desde la emoción, sino escribir desde la evocación, cuando ya ha pasado el momento más álgido, desde ese otro punto de vista. Así desde ese cuento (La memoria donde ardía) es claro, porque lo que la narrador describe es una especie de recuento de cosas que le han ocurrido, como ha respondido a distintos capítulos de su vida, eso no hubiese sucedido sino hubiese el olor, que viene casualmente por ella, así que ella sigue el aroma del combustible, que es algo que la lleva a destejer su propia historia».

El libro, en su mayoría, está poblado por voces que podríamos considerar marginales, a lo que Venegas explica que una de las apuestas más importante fue la elección de los personajes. Son mujeres que se atreven a cuestionar la maternidad, que se atreven a hablar de temas tabúes como la depresión post parto, que la escritora considera «es el secreto mejor guardado de nuestra sociedad hetero patriarcal. Están ahí esas mujeres, sus voces, desobedeciendo el mandato de ocultarse y ocultar el dolor que viene con la maternidad que viene con esa etapa vital».

Las otras voces que elige Socorro Venegas son las de los niños, algunas de las miradas que más le importaba abordar, «porque hay una riqueza enorme que el mundo adulto se pierde, esos personajes era importante visibilizar. Niños mutilados, niños que enfrentan la guerra, gente que han perdido a alguien, deudos, que ya está lejos de lo inmediato, de la pérdida inmediata».

Todo esto, le brinda la oportunidad de hacer una reflexión alrededor del duelo, situación que contraría los mandatos sociales, «pues siempre recibimos señales de que no está bien sufrir, de que el dolor es algo que debe pasar rápido y debemos combatir, hay pastillas para dejar de sentir dolor físico, para dejar de sentir el dolor del alma, (en la actualidad) hay formas para que nadie atraviese el dolor. En estas historias, lo más importante que tú ves es que vale la pena pasar por esto, ya que este tránsito vuelve a reconfigurar a los personajes, se trata de recuperar su calidad humana».

Uno de los logros más destacados de La memoria donde ardía es la manera en que logra captar una violencia sutil, una violencia que se ha normalizado, aunque en algunos cuentos es más evidente, de esto la escritora comenta que le parecía «muy importante desnudar distintos hechos cotidianos de la violencia intrínseca y normalizada que vivimos».

Uno de los cuentos que aborda todo esto es El Coloso y la Luna, que relata como una madre empuja a su hija a la calle, se trata de un personaje que no cumple con ese deber de proteger a la niña, también está, o no está, un padre alcohólico al que la niña debe buscar. «Ahí hay nociones de una violencia implícita, el padre que no es capaz de poner la seguridad la niña por encima de todo, la madre que tiene muy claro que es muy importante encontrar al esposo. En ese mundo, la niña no tiene un protector, no hay alguien que la acompañe, sin embargo, tiene que decidir, y esa es la paradoja de con quien se quedará, regresar a casa para recibir castigos o seguir en la calle para encontrarlo. Además en su imaginación concibe una vida en la calle con su padre, (la niña) piensa si sería mejor (ésa posibilidad) que estar en el hogar donde no le muestra amor su madre».

Para Socorro los niños son «criaturas capaces de soportar las peores cosas» y todos los días se ven noticias en las que son violentados, así que se trata de un sector de la población que no tiene las herramientas para defenderse y entender lo que les ocurre.

«Pero no pueden separarse de sus familiares de sus hogares, hay una necesidad de sentirse amados, pero más de amar y querer a las personas, y esa capacidad a pesar de todo es un tema literario muy poderoso, que se ha explorado muy poco, aunque mis cuentos tienen que ver mucho con eso, siento que hay mucho para ver en la mirada de los niños sobre todo el cómo comprenden lo que les sucede. El caso del cuento de los niños que están en el hospital es una historia donde los niños forman su vida con otros pequeños enfermos, que no son médicos ni enfermeras, ya que ellos son los típicos profesionales que no se vinculan con los pacientes, así que ellos se quedan solos, viven un abandono, aunque los padres los dejan, viven esta distancia, ese trato, que los aíslan, les queda gestionar su vida con otros niños enfermos, además es la exploración de esos niños con cáncer o que morirán y ellos saben», explica la escritora.

Pese al dolor, y crudo, de los temas que aborda en La memoria donde ardía, los textos de Venegas presentan cierta poesía, cierta belleza en su escritura, de la que comenta que ése género fue el primero que tenía ganas de escribir, pero fue en la narrativa donde se sentía mejor, pero no lo abandonó del todo.

«Como lectora (de poesía) me gusta leer en voz alta, sentir la cadencia, el ritmo, el peso específico del lenguaje algo que siento en este ejercicio y es algo que me gusta incluir en lo que escribo, porque es una búsqueda que realizo para encontrar el lenguaje esencial, de usar una métafora para comprender una situación, para abarcar un mundo completo, la mirada profunda de los poetas, la mirada generosa de los poetas me alimenta, por eso tan importante en lo que escribo».

Ese gusto a la poesía podría pensar su escritura tiene cierta mirada a la muerte por ésta, pero ella explica que más que con la poesía, esta situación se vincula a lo anecdótico o cosas que le han interesado explorar, algo que reflexiona con la frase de León Tolstói: «Todas las familias felices se parecen, pero las sufren cada una lo hace a su manera».

Ese sufrimiento particular es lo que nutre sus historias, ya que ninguna se parecerá. «Cada uno decide atravesar la pérdida, siempre habrá algo distinto para contar otras miradas. No se trata de hacer historias condescendientes para decirle a la gente cómo vivir no. Son historias que sí buscan explorar la profundidad del dolor humano, pero también que en las cicatrices podemos encontrar la belleza, si nos quedamos a mirar, si no saltamos por la ventana, vamos a acabar encontrar la belleza aun allí donde no la pensamos encontrar».

Algo relevante que nos enseña en sus cuentos es el peso que puede tener el pasado, además que en cualquier momento se puede convertir en presente, esto si «lo dejas entrar». Esto ocurre en El nadador infinito, en el que el personaje da la oportunidad de que ese pasado, que había asumido cancelado, se invoque.

«Ese pasado regresa en la forma en que puede y acaba alimentado el tiempo presente y ahí también están esas referencias a ciertas pinturas, que en varios cuentos hay algunas. En el primer cuento, está El perro semihundido ,de Francisco de Goya, son esas pinturas que se fijan en el tiempo, que lo han detenido como si un poco de los personajes se movieran en un escenario que no se transforma pero que los ha modelado, Todas las experiencias que has vivido que parecen rodearte, parecen fijas ahí en cómo se ha convertido en la persona que eres, capaz de las cosas que puedes hacer».

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Ciria, su cariño a México y su búsqueda por derribar fronteras

Hace más de un año, José Manuel Ciria llegaba a México con algunas piezas de su exposición Territorios y Mapas, que rompía fronteras físicas y abstractas, así que en esta ocasión vuelve para expandir la muestra y afianzar su lugar en el país.  

Esta nueva versión del proyecto presenta la serie completa, además de algunas que fueron creadas especialmente para México. En conjunto son 21 piezas en formato grande, que se componen de pinturas que realizó en su estancia por Nueva York, llamado Memoria; otras son de Europa; las últimas inspiradas en los colores y atmósfera de las tierras mexicanas.

Acerca de las obras para México, Ciria comparte, con cierta alegría, que «fue divertido, porque yo tengo un tiempo preparándome. Tan sólo este año he hecho tres viajes a México, lo cual es para abrir una casa-taller aquí, ya tenemos patrocinadores, ya es inminente. Entonces la intención es estar aquí seis o siete meses al año, y que sea mi centro de operaciones».

La ciudades que habitan tienen un gran impacto en la obra del español, así que al cuestionarlo de cómo la geografía le ayuda en su arte, él explica que «siempre a los hermenautas y a los críticos de arte (les digo) que una forma de rastrarme, una forma de conocer mi trabajo es saber por donde me he trabajado; donde ha sido elaborado, pues he tenido beca en París, en Roma, en Israel, en Londres, en Berlín, siete años en NY.

«Si se me rastrea, si se quiere clasificar mi obra una forma bastante fácil de hacerlo es ver mis trabajo en cada sitio, porque la geografía impone su propio carácter. A mí me gusta dejarme llevar. Esa experiencia que tienes en NY me lleva producir de una manera distinta y además lo que hago es sensibilizarme y dejarme atravesar por lo que siento con las musas del lugar».

Al hablar de su estilo de gran formato, que es posible ver en Territorios y mapas, Ciria explica que puede deberse a ciertos complejos de la infancia, pues en el colegio al ser uno de los mejores dibujantes de su clase tenía que ayudar a los maestros a realizar algún dibujo.

«Ellos pintaban fatal y me tocaba a mí hacer los dibujos y ese tamaño de pizarra, grande de 1.50 por tres metros, al principio inicié con timidez, me decían que dibujara más grande, porque lo tenían que copiar mis compañeros, llega un momento en que la pizarra se queda pequeña. (…) Yo trabajo en 2×2, es mi media de ahí lo llevo a más grande o más pequeño, pero hay que trabajar con una dimensión donde te sientas cómodo, donde te topes con la realidad».

El creativo siente una gran atracción por México, así que ahonda en que los trabajos que ha hecho aquí, destacan por los colores vibrantes, algo que no encontraba en Madrid. Cada que está en el país, «las musas me tocan, me siento querido, porque la gente me trata muy bien, la atmósfera es fantástica, la luz el sabor».

Relata que esta relación creativa tuvo un momento de iluminación, allá por el 2005 en un viaje que realizó por Zacatecas, esto lo hizo quedar prendado de México. «Me dije yo quiero trabajar aquí. Existen muchas posibilidades en Ciudad de México, te encuentras cualquier cosa, un taller, una imprenta, un tío que hace no sé qué.  Para un artista es un maravilla. México es una potencia, tiene todo lo que es contemporáneo, pero al mismo tiempo también lo conversador, se mantienen los negocios familiares de toda la vida y eso es fascinante».

En la serie Territorios y mapas, como lo indica su nombre, José Manuel explora las fronteras, los territorios y geografías, así que para lograr abordar a cada país se compromete con la ciudad, hasta perderse en ésta. Busca que su paso no sea transitorio, sino que la cada lugar le brinde algo de su esencia. Esto es en cuanto a las fronteras físicas.

Respecto a las fronteras más abstractas como el tiempo y la memoria, indica que es algo que viene trabajando desde hace tiempo, no sólo en lo pictórico, también en instalaciones que le permiten abordarlo de otras maneras, incluso esto lo lleva a nuevas facetas, ya que tiene «la idea de montar una exposición de pintores que estén aquí y no son conocidos, montarla aquí (México) y llevármela a Estados Unidos, porque no hay alguien que esté haciendo exactamente eso, estoy seguro que hay un montón de gente fantástica que no conoce nadie e ir a buscarle».

Acerca del taller que planea establecer y esa búsqueda de artistas mexicano se debe a considera un investigador del arte, así que tiene gran seguridad de que en México hay gente que está creando lo más innovador con bases teóricas, pero que aún no han tenido la oportunidad para salir, así que buscará apoyar a esas jóvenes promesas. Todo esto en un lugar cercano a la colonia Roma, pues le parece un barrio fascinante.

¿Y de dónde viene esa fascinación por la Roma Norte? Para Ciria es algo que va más allá de la película Roma, de Cuarón, ya que tiene unos «restaurantitos, unos bares; tiene un sabor, la gente es alucinante. Te vas a pasear… Ahora mismo tengo un penthouse alquilado en Polanco, sí sales a la calle, muy bonito, mucho lujo y es un coñazo, no hay nadie. Sin embargo, en la Roma, sales y está poblado, prefiero salir que vivir escondido, me gusta más tener experiencia y hablar y estar con gente, que te hable y te sonríe y hacerte amigos de las personas».