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Gastronomía Reseñas

House rescata la tradición, y el sabor, de las hamburguesas

Al pensar en la comida típica de Estados Unidos, lo más común que viene a la mente son las hamburguesas, un alimento que se ha vinculado a la llamada «comida rápida», pero que con creatividad en House le dan la vuelta a esa noción.

El concepto que ofrece House es el de ofrecer la comida americana casual, encilla y de barrio o como reza la frase en inglés  American Casual Neighborhood Food, aunque con un cuidado meticuloso del manejo y de la calidad de los ingredientes orgánicos mexicanos para asegurar un extraordinario sabor.

Con dos ubicaciones en la ciudad, una en Santa Fe y la segunda en Monte Athos #310, Lomas de Chapultepec, desde su concepción brinda un lugar caluroso, que rememora a alguna fuente de sodas de los 60s, pero sólo es una noción, la atmósfera es más discreta y familiar.

Antes de pasar a la comida, la ambientación del lugar destaca por su terraza y la buena atención con la que se recibe a los comensales, se trata de los detalles que muestran que todo está cuidado desde su concepción.

House Mx, que forma parte de Grupo Roca, se destaca por el cuidado meticuloso del manejo y de la calidad de los ingredientes orgánicos mexicanos para asegurar un extraordinario sabor.

Además de romper convencionalismos, ya que si bien es comida americana, te hace sentir en casa, un espacio entre lo estadunidense y lo mexicano, que logra tener su propia personalidad que nace por el deseo de ofrecer tanto hamburguesas como diversos platillos emblemáticos de la cocina de EU.

¿Cómo logra darle variedad a un platillo que podría considerarse sencillo? Pues mediante la diversidad, House toma lo mejor de la cultura del país del norte, así que se nutre de la diversidad migratoria, así que puede presentar diferentes formas de hacer hamburguesas.

Si bien el concepto se centra en un platillo, en House escuchan a la comunidad y poco a poco introdujeron otro tipo de alimentos, así que ya es posible degustar ensaladas, desayunos y sopas. Aquí resaltaría la sopa de jitomate rostizado, ideal para empezar una travesía culinaria. Servida en un utensilio que rememora al hogar de la abuelita, ésta se acompaña de queso mozzarella y albahaca fresca.

Aunque a la par pudimos disfrutar de unos chicken lollilops, que se trata de albóndigas de pechuga de pollo acomapañadas de una salsa y un aderezo muy especiales. Como su nombre lo indica son pequeños aperitivos, como unos dulces, aunque sin tanto dulce, salvo que los hundan en BBQ. La carne es selecta y desde esta entrada se nota el cuidado a la selección de cada ingrediente.

Otra entrada que vale la pena destacar son las papas fritas, aunque van más allá de lo usual. Aquí tenemos las clásicas, de gajo y una variedad que, hasta este momento era desconocida para mí, de camote. ¿Quién lo diría? El camote puede convertirse en una excelente papa frita, que destaca por su sabor dulce y su toque más moreno.

Para ir a House es recomendable ir con el estómago vacío, pues ya pudieron leer por lo que pasamos para llegar a los platillos distintivos: las hamburguesas. Sin duda, aquí hay una gran historia y mucho por decir.

Empecemos por destacar el pan, que es inusual en México. En House preparan las hamburguesas con potato roll o pan de papa, resultado de la mezcla entre harina de trigo y harina de papa, tubérculo que crecía en abundancia en Irlanda y Escocia, países de donde procedían los inmigrantes que llevaron este estilo de pan a los Estados Unidos en el siglo XlX.

El potato roll es un pan más almidonado, más consistente, resistente, acolchonado y más suave que el tipo brioche de los bollos que se hacen en México bajo la tradición española. Esta combinación hace que la hamburguesa norteamericana tradicional tenga un equilibrio perfecto.

Aún con estómago nos aventuramos a probar una de sus variaciones, la Brisket Burger o la Favorite Burger, que es realizada con pretzel, sobre cuyo origen también existen diferentes versiones. Mientras unos afirman que nació en la región germana entre Bavaria,  Suiza y Austria, algunos otros lo atribuyen a la inspiración de un convento alsaciano o al ingenio del panadero sueco Jan Hedh.

Ambas destacan por su carne, que viene de Rancho El 17, una selección que da un sabor único y que es difícil de encontrar en la Ciudad de México. La tradición y ardua investigación son lo que dota de estilo y sazón en House.

Si bien cuentan con una amplia gama de coctelería, por el momento sólo hubo oportunidad de probar un agüita y una malteada, éstas últimas son únicas, ya que logran equilibrar lo dulce. Un problema de este tipo de bebidas es que es fácil empalagar al comensal, pero aquí consiguen hallar un punto medio.

Para dar seguimiento a lo dulce, el final con los postres también merece su respectivo reconocimiento. Un apple crumble, se trata de un pie de manzana acompañado de helado, de igual manera no se vuelve empalagoso, y es que con los postres es fácil caer en esto. Sin duda, fue una grata sorpresa. Además del choclate brownie pie, una selección fina de chocolate que es excelente para cerrar y equilibrar después de las carnes.

Para los amantes de la carne, sin duda, House es una visita obligada y aunque no lo sean, para aquellos aventureros gastronómicos este espacio se presenta como un abanico a la historia y a conocer otro aspecto de la comida americana. Ver más allá y repensar en cómo podemos descubrir otras posibilidades mediante la comida.

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El hombre soberbio resignifica la figura del héroe

La idea e imaginario de los héroes se ha humanizado demasiado, que parte de su mitología e impacto para inspirar a las personas se ve afectado, al menos es algo que nos deja ver Leonardo da Jandra en El Hombre Soberbio (2018, Malpaso Ediciones).

No es que Alejandro busque aleccionar, sino que ofrece una obra con un enfoque y estilo único, que se define como filosofía ficción. Para su concepción el autor toma diversos elementos de los grandes pensadores griegos, aquí diversos momentos y enseñanzas figuran en el distante futuro.

Ciertas figuras recuerdan a las apariciones divinas de los antiguos miembros del panteón griego, que daban movimiento a las historias al intervenir en la vida de los humanos. Este suceso da vida al semidiós protagonista, que es nombrado como «El hijo del Sol», Helioson.

La misión del Helison es inspirar, y mejorar, a la humanidad, su porte superior, que va desde lo estético hasta una fuerza sobrehumana e inteligencia deberían bastar, pero todos estos regalos sólo traen consigo una inmensa soberbia.

En la historia, da Jandra nos muestra la manera en que los mejores talentos pueden verse destruidos por ese mal que deja en las sombras hasta al más brillante. Aquí se muestran dos tipos de fuerza, por un lado tenemos la de nuestra protagonista, y, por otro tenemos al que viene del político, que viene de la gente y es puesto a disposición de los «altos mandos».

Durante diversos momentos de la novela vemos la forma en que estos poderes chocan, cada encuentro es iniciado por el ego. Una de las fuerzas se debe doblegar a la otra, la soberbia es la que inicia las peleas.

Ahí está la crítica a la política, pero el autor va más allá y también descubrimos como los medios se ven afectados por ese virus, algo que vemos en nuestra realidad. El futuro que plantea sólo es una extrapolación de los males con los que vivimos, de cómo la soberbia nubla la visión y andamos sin rumbo, sin querer escuchar a otros.    

La relación alumno-maestro, tomada de la antigua Grecia, es la que podría salvar al Hijo del Sol. Aquí entra la figura de Aristobul, un hombre que, por sus ideales, fue condenado al ostracismo, quien mediante sus poder en la palabra (aforismos) representa un peligro para la sociedad.

Aristobul alejado de la sociedad y en contacto con la naturaleza logra limpiarse de la soberbia, un camino instado por otros le da su liberación. Su vida y libertad son los motivos por los que es elegido para ser el maestro del próximo eslabón en la evolución humana.

La caída del maestro presenta referencias al pasado, para el disfrute de los más doctos en filosofía, además de que el proceso de Aristobul tiene diferentes pasos de comprensión que requieren más de una lectura.

La figura del maestro tiene relevancia, ya que son el principal vínculo filosófico y en cada momento se hace presente el beneficio que trae esta antigua manera de relacionarse, cómo se aprende de este sistema. El cómo la palabra íntima tiene efecto para apaciguar el alma de guerrero de Helioson.

Otra forma de relacionarse y que Leonardo destaca por encima de todo es la familia, ese círculo primordial que es el fin hermoso al que se debería aspirar. Un idóneo que puede verse afectado por los pecados del padre, el fantasma de la soberbia es capaz de lacerar a otros.

Al ser una obra ficcional basada en filosofía, el libro utiliza la palabra como medio más poderoso para impactar en las personas, en específico de los aforismos. El autor es versado en ese tipo de expresión, así nos demuestra que la expulsión de Aristobul se debe a esas palabras directas y filosas.

Un libro que muestra el poder en diversas presentaciones y cómo éste es proclive a la soberbia, y éste mal nos corrompe y lo seguirá haciendo en el futuro. Además de recordarnos la figura del héroe, que también debe luchar contra su propia vileza para inspirar.

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Cine Reseñas

The reporter revela los casos de tortura de EU

En la actualidad, parece que el miedo ya no está presente en la sociedad de Estados Unidos, el cual llegó y se asentó tras los ataques terroristas del 2001, un suceso que parece lejano, cuyas repercusiones aún se pueden sentir y que demostró que el enojo incentivado por el terror puede ser más peligroso.

Tener presente este contexto es necesario para entender lo que sucede en la película The Report (Scott Z. Burns, 2019), que relata la historia del investigador para el Senado de EU Daniel Jones (Adam Driver) quien debe desentrañar los casos de tortura en la guerra que tuvo el país para hallar a Bin Laden, responsable de los ataques del 11/S.

Para lograr dar con Bin Laden se muestra que la CIA, Agencia de Inteligencia, utilizó técnicas de tortura mejorada, debido al miedo que movía a los estadunidenses ésta fue aceptada, pero había ciertas cuestiones que debían conducirse con sumo cuidado y en momentos extraordinarios, así que Jones debe investigar si la tortura fue utilizada de forma debida.

Contada a manera de relato, al menos los primeros años de investigación, seguimos la carrera de Jones, quien por razones del destino es nombrado por la senadora Dianne Feinstein (Annette Bening) a conducir la investigación que se alargó por 10 años, quien poco a poco se adentra en los malos procesos de la CIA con la tortura.

El director logra mantener al espectador al borde del asiento, ya que muestra los traspiés que enfrenta Jones para que la verdad sea relevada al mundo, una tensión que compartimos con el personaje de Driver. Si bien la vida del personaje nunca corre peligro, sí vemos cómo la política y los intereses empantanan la investigación.

Puede ser algo difícil de seguir, pues la película da demasiados brincos en la historia, aunque siempre se sienten naturales, pero algunos espectadores podrían perderse. Aquí es donde la ficción entra en acción, con la recreación de charlas, encuentros e incluso la recreación de algunas torturas.

La película cumple con cierta denuncia, pues si bien a nadie se sentenció tras la investigación, sí nos hace ver la inmoralidad de ciertos personajes como Dr. Mitchell, quien fue el responsable de convencer a los encargados de la CIA de implementar la tortura basado en nada, sólo en su propios resultados.

Puede que estamos acostumbrados ya a ciertos temas, pero las escenas de tortura aunque impactantes no son tan estremecedoras, lo más impactantes es lo amoral de los personajes, que justificados en su miedo siguen adelante, sin cuestionarse todo lo que sucede. Salvo por algunas voces, los demás siguen adelante sólo por la noción de alguna orden, muy de los Nazis.

The report resalta el poder de las instituciones de Estados Unidos, así que hasta tiene tintes de una película patriótica. Y es que vemos que los personajes dan su fe en los organismos y procesos del país, pero ésta no cae en saco roto.

La película reta al espectador, pues siempre se debe seguir de cerca, hay que poner atención a las palabras, a los legalismos, en las que algunos buscan filtrarse para evadir la realidad. Aquí resalta el uso de «implicar», que muestra cómo ésta es la salida para no tener repercusiones legales, de igual manera se implica a los culpables en el trabajo Scott Z. Burns.

Un punto que se deja claro es que la tortura nunca llevó a nada, la información siempre se encontró de otra manera, pero el miedo u orgullo no permitió que nadie lo viera en su momento, algo que el personaje de Driver repite hasta el cansancio y, por momentos, parece que no es escuchado.

Se trata de un largometraje difícil de ver, debido a los temas complejos que plantea. La búsqueda de la verdad siempre debe ser lo más relevante en ese tipo de casos de guerra. No es una gran intriga, al menos de esas de acción, pero de manera discreta y real descubre el oscurantismo en el que se sumergió Estados Unidos.

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Cine Reseñas

El destino inevitable de la guerra entre máquinas y humanos

Sin duda, volver al pasado puede ser arriesgado, ya que todo lo que se fue creado está en riesgo de ser trastocado, volverse en algo nuevo, esto es lo que sucede en, y le ocurre a la saga, Terminator: Dark Fate, dirigida por Tim Miller, y que sería la tercera parte de la saga.

La película desde el principio busca alejarse de sus predecesoras, pues la mítica figura de John Connor es borrada de la historia, aunque el futuro que liberaría tampoco existe ya, esta posibilidad se deja desde Termiator 2 Judgment Day con la destrucción de Cyberdyne.

La segunda película y su final en la carretera se deja la idea de que el destino no está escrito, pero parece que el destino es inamovible, ya que si Skynet no inicia la guerra vendrá algo más para que se de la guerra entre la humanidad y las máquinas.

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Todo esto nos deja a a una Sara Connor (Linda Hamilton) que, pese a salvar a la humanidad, no fue capaz de salvar a su propio hijo, lo que la transforma en un personaje trágico, que no tiene un propósito claro. Y en este nuevo universo tenemos a una nueva abanderada Dani Ramos (Natalia Reyes).

Dani es la protagonista a cuidar, como es costumbre en Terminator. Ciertos elementos se repiten, así que no se logra alejar lo suficiente de la saga. En esta ocasión, será protegida por Grace (Mackenzie Davis), una humana aumentada, que es la muestra de cómo la visión de las personas hacia la tecnología ha cambiado.

La marcada presencia femenina ha causado un gran revuelo en los seguidores de la franquicia, aunque no debería existir, pues si bien John era visto como el gran salvador del futuro, en el presente es Sarah quien tomaba el liderazgo. Ahora sólo lo borraron de la ecuación por completo.

Un vestigio de ese futuro que no fue es el T-800, responsable de la muerte de John, conocido como Carl (Arnold Schwarzenegger). Sin más órdenes el autómata se queda sin un objetivo, aquí es él quien ofrece la reflexión que tienen las películas con el sello de James Cameron.

¿Sería posible que el robot adquiera consciencia? Sin un propósito y sin más órdenes que seguir, parece que la vida, incluso mecánica, sigue y encuentra un camino. Proteger a su familia es lo que se plantea como misión primordial Carl.

Resulta curioso como se invierten papeles, Sarah pierde su humanidad y el T-800 la gana, qué nos define como humanos, será el amor hacia el otro, tener un objetivo, una misión, aquí cada quien escogerá su propia respuesta. Cada quien, si es que la ve, tendrá su propia reflexión en este punto en particular. También se puede pasar de largo y centrar en la acción, que es buena.

El peculiar grupo se enfrentará al Rev-9 (Gabriel Luna), una máquina que hasta el momento es la más mortal de la saga, casi indestructible, que es una suma de las primeras dos películas, sí, pero parece algo orgánico. Algo natural, que muestra el desgaste de las películas, habría que dejarla descansar un poco más.

Algunos puntos a destacar son los recuerdos de Grace, la mirada que ofrece del futuro, aún más mortal y desesperante que el futuro anterior, se trata de recuerdos de algo que será. 

Un punto inexplicable es el trato y visión hacia la nueva protagonista, ya que Sarah desde la segunda película muestra estar con los alineados de la sociedad, que aquí se trata de migrantes, por eso no es de extrañar que de aquí venga el nuevo salvador. Se tienen que mover fuera de la ley y no se ve como una inclusión forzada, aunque muchos lo notaron así. 

Todos estos elementos ofrecen una buena película de acción, muy del pasado, aunque ciertos aspectos no logran fundirse del todo, aun así está por encima del promedio de lo que se ofrece en el género.

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Cine Reseñas

Hustlers y lo femenino al control

En la película Hustlers (2019), de Lorene Scafaria, las mujeres toman el control, así de sencillo. El soundtrack desde las primeras escenas marca esto, así que vemos personajes que resultan incómodos, ya que ese trata de féminas que utilizan sus cuerpos para hacerse de la situación que les rodea.

Lo que plantea las película es un caso basado en la realidad. Un grupo de bailarinas exóticas ven una oportunidad para obtener dinero al estafar a hombres, al explotar su lujuria, lo que coloca al hombre en posiciones de víctima.

Las protagonistas de esta historia son Destiny (Constance Wu) y Ramona (Jennifer Lopez), quienes inician con todo el glamour de los clubes nocturnos en Nueva York, que era frecuentados por asociados de Wall Street.

Todo el lujo se termina con la crisis financiera del 2008, las risas se acabaron y había que volver a la realidad, toda esa ilusión de la burbuja financiera se rompe y vemos a estas mujeres teniendo que traspasar límites.

El cambio resulta interesante, ya que en muchas películas del tipo se ve desde los causante y no el que sufre el lado negativo de una mala economía. Este impasse presenta una oportunidad, que Ramona aprovecha para atacar a los hombres y robarles.

Poco a poco, vemos como la situación de las protagonistas otra vez comienza a ir bien. Aquí lo interesante es descubrir cómo es que se justifican, al comprarse el mito de Robin Hood y vengarse, ya que fueron los de la banca quienes provocaron la crisis.

La vida comienza a ir bien de nuevo, pero siempre se nos recuerda que finalmente cometen un crimen. Tan bien va, que se convierten en una pequeña organización de «emprendedoras. Una mafia. La culpa y el arrepentimiento viene de la Constance del presente, quien es la que relata todo lo sucedido, aquí la directora encontró un buen formato para contar la historia, sin tantas complicaciones, sólo un relato de lo que sucedió.

La visión de Constance es la que nos lleva por toda la película, que pasa de ser un personaje más inocente a tomar fuerza y revelarse a sus propias amigas, todo por la familia, una buena evolución y lógica, no hay finales épicos. Sólo una historia más.

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Por momentos, la película recuerda al Lobo de Wall Street no en lo fílmico, sí están mu lejos, pero en cuanto a la temática, incluso cómo este tipo de historias toman otras perspectivas al ser mujeres. Si bien existe el desenfreno, también está la familia y una camaradería más difícil de quebrantar, aunque el llamado de la sangre es más fuerte.

Una película que muestra, tal vez a propósito o no, que ciertas visiones y cuestiones que en la sociedad se han colocado pueden utilizarse para un beneficio. Aquí las mujeres utilizan el cuerpo como un medio para estafar el deseo de los hombres, sin detenerse a pensar en lo simbólico de esto. Y al mostrar al hombre como víctima e incluso ahí tiene su apartado y golpe de realidad para el espectador masculino, ya que a aquellos que denuncian no les creen o son minimizados.

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La importancia de las instantáneas

Mediante unas cuantas Polaroids, Valeria Luiselli presenta Desierto Sonoro (2019), tercera novela publicada por Sexto Piso, que representa una propuesta literaria sugerente y original que narra el viaje individual de una familia, así como el desplazamiento de los personajes que buscan llegar a ese núcleo primordial.

Experimentamos el tiempo de manera distinta. Nadie ha logrado captar realmente lo que sucede ni por qué. Tal vez es solo que sentimos la ausencia de futuro, porque el presente se ha vuelto demasiado abrumador y por tanto se nos ha hecho imposible imaginar un futuro. Y sin futuro, el tiempo se percibe nada más como una acumulación. Una acumulación de meses, días, desastres naturales, series de televisión, atentados terroristas, divorcios, migraciones masivas, cumpleaños, fotografías y amaneceres.

Las fotografías son la captura imprecisa de un momento preciso en donde a través de las imágenes somos capaces de documentar emociones, sueños, anhelos y también el tiempo presente, pasado, y en mayor medida el futuro de las persona u objetos acompaños de su historia y sus sombras, todo congelado en una imagen.

De forma literaria, las instantáneas son también historias o microhistorias  que al igual que todo ejercicio literario tiene su arco narrativo, su principio, el nudo y un desenlace. Las fotografías instantáneas son la convergencia de todos estos elementos y son también eso que no queda captado por el breve disparo de la cámara, es decir los sonidos propios de esos paisajes y las desfragmentación del tiempo mismo.

Poco después del comienzo del viaje supe que, aparte de mantener la cajuela limpia y ordenada, mi deber era también ir tomando fotos de todo lo importante. Las primeras fotos salieron blancas y me desesperé. Después estudie el manual y finalmente aprendí. Los profesionales tienen que trabajar así, y a eso se llama prueba y error. Pero durante un tiempo, después de que aprendí a tomar fotos, seguí sin saber que fotografiar. No estaba seguro de qué era importante y qué no. Al principio tomaba fotos de lo que fuera, sin ningún plan ni nada.

Desierto Sonoro no sólo es la documentación y reverberación de ecos e imágenes que se expanden y perduran el paso del tiempo, sino la convergencia de las historias de generaciones presentes, pasadas y futuras que se sumarán a las huellas y a los ecos permanentes de los horizontes infinitos.

Pero luego respiraste todo el aire que te rodeaba, se te inflo la panza como un globo, y gritaste, gritaste tu hermoso nombre, y tu nombre rebotó por todas partes, poderoso y total, a nuestro alrededor, Memphis.

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Literatura Reseñas

Repensar en lo córporeo, una invitación de la novela Volver a la piel

La idea del futuro y la tecnología con sus promesas de una vida más fácil pueden hacer que nos olvidemos de algo tan esencial como el cuerpo, pero los escritores están ahí para recordarnos, e incluso, reflexionar en torno a este elemento tan básico, tan nuestro. Esto es lo que explora Gerardo Horacio Porcayo en Volver a la piel (Fondeo de Cultura Económica, 2019).

Gerardo nos lleva al futuro donde se alcanzó la posibilidad de cambiar de cuerpo humano, hay que hacer hincapié en lo humano, ya que en la novela se muestra que existen más tipos de cuerpos, una gran variedad de lugares para que la mente habite, que ofrecen ciertas ventajas sobre lo orgánico.

Uno de los primeros seres en rehabitar lo humano es Alejo, un empresario que lleva años perfeccionando el proceso de clonación. Esto nos lleva a descubrir que el protagonista, ese que siempre creemos único, en realidad es sólo uno más, en este mundo existen varios Alejos, diferentes versiones, distintas maneras en las que ellos se nombran, cada Alejo busca la manera de buscar su individualización. Una isla poblada por diferentes versiones de un mismo hombre, un territorio hecho a medida de los caprichos del que creemos es el Alejo original.

Todas las versiones de uno mismo que se increpan, interactúan y aprenden es de lo más llamativo que plantea el autor, que nos hace ver de manera distinta ese ejercicio de platicar en voz con uno mismo. Aquí se va más allá, pues demuestra que siempre estamos en cambio, lo que hoy fuimos, mañana cambiará y después de ese día seremos alguien más, que reclamos habrá hacia lo que fuimos y en lo que nos convertiremos.

¿Podríamos aprender algo más de nosotros mismos? Parece que las fobias, caprichos y falta de visión hará difícil esta tarea. Cuestionarse es lo que ofrece Volver a la piel, una ciencia ficción que obliga a repensar el presente.

Tras el paréntesis. El Alejo con el que iniciamos y se vuelve nuestro guía en este mundo, es un personaje que debe readaptarse al cuerpo, resentir lo que es habitar en la carne, redescubrir las limitaciones orgánicas, que van desde lo físico hasta lo psíquico. ¿Por qué se vuelve tan relevante para el Alejo original volver a lo humano? Una respuesta personal y que cada lector obtendrá.

Para mí es el llamado de lo salvaje, esto representado en el sexo, así tal cual, como si el habitar un cuerpo mecánico lo llevara la extremo de la razón, pero muy dentro del cerebro estuviese lo oscuro, el deseo, incluso se explora en cómo sin la necesidad de reproducirse se pierde parte de la búsqueda del coito, se ve desde una parte bastante lógica.

Conforme nuestro Alejo pasa tiempo en la carne, poco a poco vuelve ese ímpetu de buscar la satisfacción sexual, se replantea el acto. El abuso del prefijo «re», que podrá hacerse evidente, es que muchas cosas que damos por sentado en esa ciencia ficción de Porcayo se debe aprender, damos por sentado que Alejo tuvo un cuerpo humano, pero hace décadas, se debe construir un puente nuevamente con ese pasado.

En esta obra, se cuestiona lo que nos hace humanos y qué de esto sacrificaremos por la innovación, en cómo la tecnología nos atrapará y podría obligarnos a transformarnos, esto no será a punta de pistola, se deberá al no quedar obsoletos. Por eso es que el pasado y el cuerpo se miran desde la nostalgia, como algo que tuvimos y no supimos apreciar, la pérdida de lo orgánico.

Así, ciertos elementos del pasado se vuelven fetiches, que por un lado van desde lo físico como un tablero de ajedrez, tallado en madera; hasta algo más complejo y abstracto, que va como la reconstrucción de salas y espacios donde habitan estrellas de hollywood en un museo de ADN. En estos lugares del pasado, el autor no evita dar un vistazo a sus referencias, que también son de aquel territorio del recuerdo y el pasado con vistas al futuro, Wells, Asimov y Shelley.

Porcayo muestra un estilo donde el humor, representado en ironías, está presente y hace la lectura muy llevadera se entremezcla con ciertos misterios y tensiones, una tarea complicada. Intrigas en las que Alejo siente que su mente, más que su cuerpo, está en peligro, pues lo que es podría ser devorado por sí mismo, por otra versión, una lucha consigo mismo.

Un elemento que también aborda el autor, es la memoria, pues nuestro Alejo inicia con ciertos elementos borrados de ésta, pero conforme avanza la novela ciertos elementos parecen eludir el proceso, ya que tiene acceso a ciertos recuerdos que no debería tener.

Y pese a habitar un mundo de avances, ciertas crisis, además de las existenciales, parecen seguir existiendo, como las crisis económicas, las guerras y la corrupción seguirán ahí muy de cerca con la humanidad. Un buen vistazo al futuro que podría ser y que en ese territorio Porcayo encuentra un lugar para reflexionar en nuestro presente y en pensar en lo que es habitar nuestra piel.

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Oscuro territorio mexicano retratado por Rogelio Guedea

Vivir, o transitar, en México es abrirse paso por la incertidumbre, es un camino que lleva por la oscuridad, un recorrido que obliga abrazar a la oscuridad para sobrevivir en el presente, sólo tenemos lo inmediato, esto es algo que nos deja entrever Rogelio Guedea en Conducir un tráiler (Fondo de Cultura Económica, 2019).

Y es que Guedea, que en 2009 obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada 2009, gracias a este libro, nos recuerda que habitar este país, es enfrentar el miedo de que las sombras te cubran en cualquier momento. Un camino errado nos puede llevar a ser víctimas de algún hecho terrible, estamos abandonados al acecho de la violencia, de la furia dormida del país. Todo este ambiente es el que logra recrear en la obra protagonizada por Abel Corona y su familia, personas de a pie que viven en Colima y son movidos por esas fuerzas ocultas, la fuerza que podríamos llamar la vida misma.

El entorno que habita Abel es ese de terrenos, donde ser dueño de un espacio brinda cierto poder, aquí los vecinos buscan peleas por cualquier transgresión, esto es con lo que inicia el libro, pero siempre hay algo que se oculta y poco a poco lo devela el autor.

Guedea utiliza a Abel para mostrar la manera en que en el país cualquier detalle puede hacer explotar alguna situación desalentadora, una mirada, una palabra pronunciada de manera inoportuna pueden ser elementos para que el mexicano saque a relucir su altanería, algo que se conoce como verguerez, por lo que todos buscan una superioridad para hacer su voluntad sin un poco de empatía.

El retrato que hace del norte es este que ya no es tan distinto del resto del país. Aquí se ve el poder e influencias, que viene con el dinero y cierta autoridad, pero no cualquier puede acceder a estos, ya que la familia Corona pese a pertenecer a las instituciones del «bien» no son capaces de ejercerlo.

La falta de esa fuerza abstracta e invisible deja a nuestro protagonista a la intemperie, a las sombras, que en algún lo tragan y lo escupen acompañado de muerte, de odios por defender lo suyo, de una vendetta sobre la familia. Esto es suficiente para que terminen en una historia de acción, una historia (debido a la cercanía) a la Tarantino, de tiroteos y sólo algunos pueden salir vivos.

Los momentos de acción permiten a Guedea acercarse a lo fílmico, a recordarnos que se trata de una ficción. El como esas decisiones de manera rápida se ven transformadas y la violencia que explota debe hallar una salida. Formas en las que la obra respira, estos cambios vertiginosos hacen que el lector no se confíe.

Propio del norte, Abel es un personaje migrante, que por circunstancias de la vida tiene que emprender su camino a la carretera, visitar otros lugares tan ajenos, pero comparten el mismo peligro de la violencia.

En el interior, nuestro protagonista se descubre a un ser con cierta sensibilidad, que tiene, de a poco, aprender a vivir con la muerte que le rodea, con el miedo que, a la mala, aprende a domar.

Aprender a convivir con el temor es necesario pues no sólo existe esa violencia física, también se teme a aquellos que deberían cuidarnos, a las instituciones que están empantanadas y buscan la manera en que ciertas verdades no salgan a la luz, para mantenernos en esa carretera a oscuras. Así parece que en algunos lugares de México, si es que pensamos que es diferente en ciertos espacios, se vive en un oscurantismo donde algunas familias fundan sus feudos.

Además, en diferentes momentos, Rogelio Guedea nos recuerda que está presente ese monstruo amorfo del narcotráfico, que ante cualquier paso errado se hará presente para arrastrar por completo a la nada a quien se cruce con él.

Todo esto siempre nos recuerda al título de la obra, que andamos con esa pesada carga tras nosotros en la oscuridad del camino, donde basta que alguien sospeche algo para convertirte en presa del odio, basta que alguien piense que eres diferente para ganarte la repulsa de vecinos, compañeros e incluso amigos.

Si por un lado tenemos las explosiones violentas, del otro están las cavilaciones del buen Abel, que muestran cómo la mente intenta reflexionar para saber cómo sobrevivir en este país de matanzas y sufrimiento. En el protagonista nos reflejamos en cómo se vive con la muerte, en cómo cuando más jóvenes la vida en un matadero es capaz de turbar al más fuerte, pero conforme uno se cicatriza el estar en una escena de algún crimen atroz se vuelve normal.

La imaginación y el miedo son elementos que mueven al personaje, que en distintas ocasiones lo obligan a emprender huidas que tal vez no eran necesarias. Esto lo motiva y mueve sus acciones, por eso el camino se vuelve un lugar de seguridad, un espacio para imaginar que hay mas allá después de las tinieblas, qué vidas podría forjar tras ciertas decisión, pero que nunca es capaz de observarlas.

Un retrato muy crudo, pero cercano gracias a las apreciaciones de Abel, que nos lleva a repensar en la realidad que vivimos, en este México tan oscuro que parece no tener fin, incapaz de ver más allá de uno mismo. Vamos sólo con la luz del tráiler en esa carretera, esa pequeña esperanza de que llegaremos a un buen lugar, aunque hasta no arribar será comprobado.

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Contundencia narrativa de London Calling

Existen ciertas ideas que se clavan en la mente colectiva, percepciones del mundo que damos por sentadas, elementos de la realidad que de ser descubiertos ofrecen oportunidades únicas, incluso divertidas, para la narrativa, esto es algo que aborda el escritor Juan Pedro Aparicio en  London Calling (Páginas de Espuma, 2015).

Como lo indica el título en inglés, la obra remite a la tierra de Holmes, a un Londres marcado por la elegancia de sus caballeros. Aunque también se hace referencia a la canción homónima de The Clash y como no considero que aquí las palabras estén al azar, el autor al utilizar rememorar al grupo nos ofrece textos concretos y poderosos, con cierta contundencia punk.

Si bien se relatan distintos sucesos, todo lo que se cuenta es en un ambiente de elegancia, característica de los ingleses, esa idea imaginaria que se tiene de ellos. Se nos presenta a un embajador español siendo observado, estudiado, por un grupo de caballeros, todos reunidos alrededor del buen salvaje. En esta congregación vemos lo filoso de la lengua de Shakespeare y esa capacidad de ofender y congraciar al invitado.

La narrativa es apoyada por las ilustraciones de Fernando Vicente, quien logra resignificar a las palabras de Aparicio. Se trata de una serie de dibujos que remiten a cierta elegancia londinense, pese a lo estrafalario y maravilloso que se llega a contar. Vicente dota sus imágenes con cierta oscuridad, por la que se mueven los textos.

Todo lo que se conversa va desde lo mas banal como el amor, el ánimo de los ingleses y otras nacionalidades. Poco a poco, en esa inspección al extranjero la conversación se adentra en discusiones más místicas como la existencia de los ángeles, esto resulta una visión extraña, y jocosa, que nos ofrece Aparicio, ya que estos temas en boca de los civilizados ingleses, adquieren un aire de exoticidad.

Sin duda, este aspecto de lo extraordinario es de lo más llamativo, ya que también son las ilustraciones más bellas de Vicente. Las experiencias del más allá parecen traer algo que nos une en la espiritualidad, en la creencia de lo maravilloso. Además de que todo esto se hace muy cercano por la familiaridad con la que escribe Aparicio, que invita a revisar los cuentos de manera azar.

Estos cuentos demuestran el gran poder imaginativo del escritor, ya que encontrar puntos en común con el «otro» es un trabajo complejo, una tarea que sólo se permite en la escritura. Así vemos como los ingleses miran con extrañeza al embajador, pero con un poco de alcohol, ellos mismos parecen descubrir ciertas semejanzas entre naciones, ciertos vasos comunicantes que son universales y logra vislumbrar Aparicio.

London Calling es una lectura sencilla, mas no simple, que destaca por su humor que hace llevadero todo el texto, y que demuestra una carrera en la literatura, pues cada cuento, pese a su brevedad, esconde misterios, elementos a desentrañar. El escritor demuestra que cada palabra tiene un propósito, bien medido. Así deja la puerta revisitarlo y descubrir nuevos elementos tras cada lectura.

Por momentos es fácil olvidar que se trata de una tertulia, pues cada voz de los personajes tiene un peso y peculiaridad. Incluso deja entrever que el libro está divido por cada miembro de la charla, aunque dándole una vuelta podría ser por alguna temática o personalidad, incluso que se trate de algo más del azar. Cada lector le dará un significado particular.

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«Gratitud», de Oliver Sacks, una reflexión de vida

La presencia de la muerte pone la vida en perspectiva, le da un cierto orden al recorrido que se trazó a lo largo de los años, esto es lo que nos muestra Oliver Sacks en Gratitud (2016, Anagrama) un libro póstumo que presenta los últimos escritos del neurólogo.

Se trata de una obra cercano y entrañable, en los que se nota la pasión de Sacks por la escritura, un ansia por escribir e intercambiar con el futuro lector algunas palabras, una última charla en la que nos embarcamos.

Antes de pasar a los ensayos, hay un bello mensaje introductorio de Kate Edgar, su asistente personal; y Bill Hayes, fotógrafo que capturó algunos de los últimos momentos de Oliver; así que en conjunto ofrecen una calurosa bienvenida al lector.

Imagen © Bill Hayes

Tras la lectura de cada texto, el autor deja un impulso de compartir, un sentimiento que obliga a compartir esta feliz lectura. La serie de escritos empieza con Mercurio, que muestra la lucidez que parece sólo ser posible por la cercanía de la muerte, aunque la vejez tiene algo que ver.

Sacks inicia con un agradecimiento, aunque en el subtexto, a la ciencia que lo liberó de ciertos -ismos, así que con esa libertad es capaz de observar todo con cierta perspectiva y siempre sacar un aspecto positivo a distintos sucesos.

Pese al peso de los años, Oliver conservaba una entereza que pocas veces se puede observar, aunque en esta caso leer. Desde ese lugar, escribió De mi propia vida. El título del texto es claro. Aquí Sacks se vuelca hacia sí mismo, algo a lo que es «arrastrado», por decirlo de alguna manera, por la enfermedad. Se trata de repensar la experiencia de poseer un cuerpo, pero todo esto sin dejar de tener presente que vive en un entorno, que hay un montón de personas que están ahí, el mundo ahí está también.

Sin duda, el pensar en el futuro es complicado, ya que uno se debe acostumbrar a su propia ausencia, pero esto no baja el ánimo del escritor, ya que lo que vendrá le parece será bueno, pues hay muchos jóvenes en ciencias, desarrollando nuevos progresos. Todo esto se puede leer en Tabla periódica

Sacks no era ajeno a la espiritualidad como muestra en Sabbat, un escrito que retrata la compleja relación que tenía con su religión judía. Esto debido a su homosexualidad, ya que con esta condición fue perceptivo a cierta crueldad, aunque el pertenecer a una comunidad lo compensaba. Parte de un legado con el que vivía y en su infancia la fe, sin duda, le brindó amor.

Gratitud es libro lleno de belleza, que nos hace repensar en nuestra propia vida, nuestra propia mortalidad, que da pie a cuestionamientos internos acerca de cómo nos conducimos en distintos aspectos del mundo, que sería mejor si lo hiciéramos con algo de lucidez.